«Y Perserveraban: Un Estudio de Hechos 2:42»

Por Phillip Gray, La Verdad Para el Mundo

En el Nuevo Testamento, el capítulo dos del libro de los Hechos es prácticamente uno de los picos más altos entre las muchas montañas de doctrinas bíblicas. Hechos dos es de suma importancia para entender la caída del Espíritu Santo sobre los apóstoles, para escuchar el primer sermón del evangelio predicado bajo el Nuevo Pacto, para prescenciar el primer caso de la conversión de las almas bajo el Nuevo Pacto de Cristo, y para darse cuenta la forma sencilla del culto de los cristianos del primer siglo. De hecho, Hechos capítulo dos es imprescindible para realmente comprender la bíblia. En este estudio, analizaremos Hechos 2:42 para aprender como los primeros discípulos rindieron culto al Señor bajo la guianza de los apóstoles escogidos por Cristo e inspirados por el Espíritu Santo. Nuestro texto comienza con hechos 2:36, donde el apóstol Pedro les declara a los judíos en el día de Pentecostes: «Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo. Al oir esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare, Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.» Después del himno, volveremos a considerar el significado del último versículo, Hechos 2:42: «Y perseveraban an la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones»:

Nuestro texto es de Hechos 2:42: «y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan, y en las oraciones.» Los pecadores habían clamado, «varones hermanos, ¿qué haremos? Pedros les dijo que tuiveron que arrepentirse y ser bautizados (versículos 37,38). Pero, no basta solamente ser bautizado. Tenemos que seguir en las cosas de Dios para recibir el hogar celestial.

Ellos siguieron, en primer lugar, en la doctrina de los apóstoles. La doctrina es la enseñza. La razón porque los primeros discípulos perseveraban en la enseñaza de los apóstoles es que se daban cuenta de donde provino esa doctrina—de Jesucristo. Cristo les prometió a sus apóstoles en Juan 14:26: «Mas el consolador, El Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que you os he dicho.» Algunas promesas parecidas se encuentran en Juan 16:13 y en Lucas 10:16. Pablo, el apóstol, reclamó enseñar por el poder de Dios también, en 1 Corintios 2:13, y en 14:37. En el primer siglo, las iglesias primitivas no fueron guiadas por las opiniones privadas, tampoco por los anuncios del papado, tampoco por sus sentimientos personales, tampoco por las tradiciones de los hombres, sino por la enseñaza de los apóstoles. Esa enseñanza hoy día se encuentra en el Nuevo Testamento. Por tanto, lo más importante hoy día es volver al Nuevo Testamento, a las enseñanzas apostólicas. Su doctrina es la norma divina (2 Timoteo 3:16,17). (Para inscribirse en nuestro curso bíblico por correspondencia, escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia 30180 EE.UU.)

Aún en el Nuevo Testamento se advertió de una apostasía venidera. Por ejemplo, 1 Timoteo 4:1-3 claramente muestra que algunos iban a apartarse de la fe. Históricamente hablando, esa apostasía comenzó muy pronto después de la muerte de los apóstoles. Se puso cada vez más la iglesia en un estado de la apostasía y de la corrupción. Por tanto, hoy día, para agradar a Dios tenemos que volver a la enseñanza pura, sencilla, y original de los apóstoles como hallada en el Nuevo Testamento. Esa doctrina fue una vez dada a los santos para siempre (Judas 3, y Efesios 3:3-5). Puesto que Dios no hizo ningún arreglo para la continuación del oficio del apostolado, entonces no debemos de reclamar tener a los apóstoles entre nosotros. Fue oficio temporal que terminó cuando los apóstoles mencionados en la bíblia murieron. Sus escritos, y los escritos de los compañeros de los apóstoles, los 27 libros del Nuevo Testamento, son la norma para la guianza de la iglesia hoy día. El respetar las doctrinas de los apóstoles es lo mismo de respetar la voluntad de Cristo, porque ellos fueron escogidos por él. Por tanto, en Hechos 2:42 se dice que los primeros cristianos perseveraban en la doctrina de los apóstoles. (Para aprender más de las doctrinas apostólicas, escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia 30180.)

En segundo lugar, Hechos 2:42 dice que perseveraban en la comunión unos con otros. La palabra «comunión» significa «confraternidad,» o «participación de mancomún.» La idea es que no fueron divididos sino unidos en Cristo. Siguieron juntos los primeros dias de la semana adorando a Dios y edificandose el uno al otro en las reuniones de la iglesia (Hebreos 10:25). Hoy día, falta la comunión verdadera entre los cristianos por las divisiones doctrinales que han sido inventadas por los hombres. Tenemos que volver al Nuevo Testamento solamente para realizer nuevamente esa comunión cristiana como existía en la infancia de la iglesia de Cristo.

En tercer lugar, Hechos 2:42 dice que los primeros discípulos perseveraban en el partimiento del pan. Esa frase en este contexto quiere decir la cena del Señor (como instituida por Cristo en Mateo 26:26-28). Pablo explica muy bien en 1 Corintios 11:23-29 como Cristo mandó que se observe su muerte y resurrección a través del memorial de la sagrada cena. Esa cena consta del pan sin levadura y el fruto de la vid, o sea, el jugo de la uva. Cada cristiano tiene el derecho de comer y de tomar de estos elementos. Cristo mandó en Lucas 22:19: «...haced esto en memoria de mí.» Pablo explica que la cena del Señor, el partimiento del pan, es un anuncio de la muerte de Cristo hasta que él venga (1 Corintios 11:26). Es una comunión entre los cristianos y Cristo (1 Corintios 10:16,17). En el primer siglo, los discípulos originales bajo la guianza de los apóstoles observaron la cena del Señor cada primer día de la semana. Hechos 20:7 dice: «El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir el día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche.» Fue la costumbre de los primeros discípulos de reunirse como iglesia para partir el pan, para observar la cena del Señor. Debemos de perseverar nosotros en la misma práctica antigua, pura, y original.

En cuarto lugar, Hechos 2:42 explica que los primeros discípulos perseverabana en las oraciones. Es un privilegio orar a Dios y hacer nuestras súplicas y peticiones. Pero, es un privilegio para los redimidos y no para los pecadores (Salmo 66:18). Dios no escucha la oración del pecador (Proverbios 28:9). Por lo tanto, no debemos de predicar a los pecadores ajenos de Cristo que solamente tienen que orar la oración del pecador. Uno tiene que ser cristiano primero para tener el privilegio de la oración. Entonces, en Hechos 2:42, leemos que los primeros cristianos perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y la comunión unos con otros, en el partimiento del pan, y en las oraciones. Estimado escucha, si Ud. no pertenece a una iglesia que haga exactamente lo mismo hoy día, ¿por qué no buscar por la iglesia de Cristo en su area donde se practican exactamente estas cosas sencillas y bíblicas? Escríbanos, por favor. Gracias, y hasta la próxima.

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