«La Parábola del Sembrador»

Por Phillip Gray, La Verdad Para el Mundo

Estoy leyendo las palabras de Cristo en Marcos 4:3-9. Dijo: «Oíd: He aquí, el sembrador salió a sembrar, y al sembrar, aconteció que una parte cayó junto al camino, y vinieron las aves del cielo y la comieron. Otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra. Pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Otra parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto. Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, pues brotó y creció, y produjo a treinta, a sesenta, y a ciento por uno. Entonces les dijo: El que tiene oídos para oír, oiga.» Otra vez, esa lectura fue tomada de Marcos 4:3-9. (Antes de volver a la explicación de esta parábola, déjeme recordarle, estimado oyente, que ofrecemos un curso básico de toda la bíblia, completamente gratuito. Para inscribirse, solo escribirnos a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)

Los cristianos disfrutan las ricas bendiciones espirituales en Cristo. Tenemos la esperanza de la vida eterna. Tenemos la paz con Dios, con nuestros prójimos, y con nosotros mismos. Tenemos un propósito noble para vivir. Por lo tanto, a veces nos ponemos a pensar en porqué todo el mundo no quiere creer y obedecer el evangelio que nos da tantas bendiciones. Además, hemos visto casos de algunos cristianos que, al obedecer, siguen en su fe por un tiempo. No obstante, luego cayen de la gracia. ¿Por qué ocurren estas cosas? Bueno, nuestra parábola de Marcos 4:3-9 una vez para siempre da las respuestas a tales preguntas. La parábola del sembrador explica porqué el evangelio tiene éxito para cambiar ciertas vidas y no otras.

En términos hipotéticos, hay tres causas posibles del fracaso del evangelio a cambiar la vida de una persona. En primer lugar, puede ser la culpa del sembrador—es decir, el que nos da el evangelio. En este caso, el sembrador es Dios sí mismo. Quizás Dios sea la razón por la cual algunos no responden al evangelio. De hecho, hay una teoría que sostiene precisamente este punto. La teología Augustinia-Reformada, o sea el Calvinismo, alega que Dios arbitrariamente ha elegido a algunos para ser salvos y ha dejado a otros en la condenación por el pecado de Adán, elección que no se puede cambiar ni por nuestro libre albedrío, puesto que Dios es al autor de dicha elección. No obstante, ¡el punto primordial de la parábola del sembrador es precisamente al contrario! No es la culpa del sembrador cuando algunos no obedecen. Dios no les predestinó a algunos sin tomarse en cuenta su respuesta de fe y obediencia. No podemos echar la culpa a Dios por nuestros pecados. 2 Pedro 3:9 dice: «El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nostros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.» Entonces, no es la culpa del sembrador de que algunos no obedezcan al evangelio. (Escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)

En segundo lugar, teóricamente pudiera ser la culpa de la semilla—el evangelio—cuando algunos no obedecen. Se oye que la bíblia, por ejemplo, es una «letra muerta» o que es «mero papel y tinta.» Tales dichos quieren menguar la importancia del evangelio. Pero, otra vez la parábola del sembrador en Marcos 4:3-9 nos asegura que no es una falta en la semilla cuando algunos no obedecen. Lucas 8:11 explica que «La semilla es la palabra de Dios.» Romanos 1:16 dice que el evangelio es el poder de Dios para salvarnos. Hebreos 4:12 agrega, «porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos….» Entonces, no es la culpa de la semilla, la palabra de Dios, cuando algunos no obedecen.

En tercer lugar, podría ser la culpa de la tierra, del suelo, cuando la semilla no da frutos. En la parábola del sembrador en Marcos 4, eso es precisamente el punto que Cristo quizo recalcar. Está hablando de la receptividad de la tierra. Pero, la tierra tiene que ver con el libre albedrio de cada individuo para escoger el bien o el mal. Cristo dijo a Jerusalén en Mateo 23:37, «…cuantas veces quise juntar a sus hijos…¡y no quisiste!» Es culpa del suelo, del corazón. (Escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)

En la parábola del sembrador en Marcos 4, podemos notar cuatro tipos de tierra, cuatro tipos de corazones. En primer lugar, una parte de la semilla cayó junto al camino, y vinieron las aves del cielo y la comieron. En Marcos 4:15, Cristo dice: «y éstos son los de junto al camino: en quienes se siembra la palabra, pero después viene Satanás, y quita la palabra que se sembró en sus corazones.» A lo mejor, se refería a una senda entre las cosechas que fue usada para atravesar los cultivos sin hacer daño. Era una tierra dura, y simboliza el corazón duro. Es difícil para la semilla penetrar tal superficie. Entonces, viene el diablo y quita la palabra sembrada del corazón. Tales personas oyen el sonido del mensaje, y quizás entiendan el significado de las palabras en la superficie, pero no dejan que se les penetre en el fondo de su ser donde pudiera brotar la plena comprensión del evangelio. En fin, no tienen interés en las cosas espirituales. ¿Es descripción de mi corazón, o de su corazón, estimado oyente?

En segundo lugar, otra parte de la semilla sembrada «cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra. Pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.» Cristo aquí describe la tierra rocosa. Es una capa fina del suelo sobre una roca dura. Representa el corazón seco y superficial. Al principio, recibe la palabra con alegría y entusiasmo. Pero, no tiene la perserverancia. Aunque responde pronto al evangelio, tal corazón no tiene raíz tampoco profundidad. Sobre todo retroceden al mundo cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la palabra. Es una advertencia para nosotros los cristianos contra el tropiezo. Hebreos 10:39 nos amonesta, «pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.» (Escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)

El tercer tipo de tierra descrita en la parabola del sembrador de Marcos 4 es la tierra espinosa. Los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto. Esa tierra tiene una mezcla de semillas ya no visibles. En otras palabras, es un corazón impuro. Aquí, Cristo menciona tres influencias fuertes en la vida de tales personas. Primero, menciona «los afanes de este siglo.» El Diccionario de Cervantes muestra que «el afán» quiere decir el «trabajo excesivo, solícito y penoso.» La idea es que esas personas luchan con desmesurado afán para consequir las cosas físicas de este siglo, en esta vida terrenal. En mi experiencia, he conocido a buenas personas que son empresarios y comerciantes que trabajan diligentemente y que tienen mucho éxito en ganar el dinero. Sin embargo, son fracasos en sus vidas espirituales y no gozarán el hogar celestial así. Segundo, Cristo menciona «el engaño de las riquezas». Pensemos en Lucas 12:15 donde Cristo nos exhortó, «mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.» Tercero, menciona «las codicias de otras cosas» que ahogan la palabra haciendola infructuosa.

El último tipo de tierra mencionada en la parábola del sembrador en Marcos 4 es la buena tierra. Explica, «y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno» (Marcos 4:20). Tal corazón es bueno y recto y posee el deseo genuino para hacer el bien (Lucas 8:15). Oye la palabra y la recibe. Esto quiere decir que es obediente a los mandamientos de la palabra y no tan solamente oidor de la palabra. Da fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno. Lucas 8:15 añade que lo hace «con perserverancia.» A pesar de las pruebas, sigue fiel en la iglesia y en su vida cristiana. Ese tipo de corazón trata de conseguir resultados buenos y prácticos en la obra evangelística y en la benevolencia. Tiene metas y las cumple.

En vista de todo que Cristo dijo, ¿qué tipo de tierra soy yo? ¿Cuál de esas simboliza mi corazón? ¿Es duro, seco, ahogado, o bueno? Solo yo puedo decidir. La respuesta es individual y es mía. Gracias por su sintonía, y hasta la próxima.

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