«El Nuevo Nacimiento»

Por Phillip Gray, La Verdad Para el Mundo

A veces, es cómico sino trágico oir la confusión que existe respecto al nuevo nacimiento. El concepto del nuevo nacimiento es muy parecido al concepto de la regeneración. La «regeneración» significa «acción y efecto de regenerar.» En el español moderno, «regenerar» significa «reestablecer una cosa que degeneró.» No obstante, podemos decir que en el contexto del Nuevo Testamento, el decir que uno es regenerado es lo mismo que decir que uno ha nacido por segunda vez. Por supuesto el texto clásico acerca del renacimiento es encontrado en Juan 3:1-8.

El texto declara: «Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.» Repito, ese texto es encontrado en Juan 3:1-8. (Para una copia de este estudio, o para inscribirse en nuestro curso bíblico por correspondencia, escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)

En el presente estudio, pienso presentar tres puntos sencillos: primero, el nuevo nacimiento ordenado; segundo, el nuevo nacimiento explicado; y tercero, el nuevo nacimiento ejemplificado. En primer lugar, Cristo ordena el nuevo nacimiento en Juan 3:1-3. Nicodemo fue un hombre bueno y muy religioso. Aunque era fariseo, siempre mostraba la debida amistad para con Cristo. Además, estuvo convencido que Cristo había venido de Dios por medio de las señales celestiales que hacía (Juan 3:2). Con todo, Nicodemo tuvo que renacer.

Cristo mismo destaca la suma importancia del tema del nuevo nacimiento. Dijo: «De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios» (Juan 3:3). El lenguaje es claro, absoluto e inequivocable—¡uno tiene que nacer de nuevo para ver, y para entrar en, el reino (versículos 3-5)! Por eso, el renacimiento es una condición imperativa para la salvación. Juan 3:7 lo afirma más claramente de todo, cuando Cristo le dijo, «No te maravillas de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.» Por supuesto que no hablaba del nacimiento natural o físico sino espiritual. Cristo ordena el nuevo nacimiento para todos, y al menos que Ud., muy respetado oyente, sea nacido de nuevo, todavía no tiene la salvación. (Escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)

En segundo lugar, Cristo explica el nuevo nacimiento en Juan 3:4-5. Había ordenado la condición para el nuevo nacimiento en el versículo tres. Ahora, esclarece los medios para efectuarla. Nicodemo estaba confundido y quiso saber, ¿cómo puede un hombre nacer siendo viejo? Cristo le contestó, «De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entar en el reino de Dios» (Juan 3:5). Aquí menciona dos elementos en el nuevo nacimiento: el agua y el espíritu. Uno tiene que nacer de agua y del Espíritu. La preposición «de» es traducción del griego «ek». Aquí en el contexto de los conceptos de engendrar y nacer, ek significa desde, de, o por medio de (según el léxico de Arndt y Gingrich, página 234). Uno tiene que nacer por medio de agua y del espíritu.

Pero, ¿que quiere decir el agua aquí en el contexto? Aquí en Juan 3:5, tenemos que concluir que el agua es literal y que se refiere al agua del bautismo a causa de tres razones principales. Uno, una regla fundamental de la interpretación es que un pasaje debe de ser interpretado literalmente al menos que haya alguna buena razón que nos obligue entenderla de otra forma. No hay buena razón que nos obliga a entender «el agua» de otra forma que literal en Juan 3:5. Por eso, debemos de entenderlo literalmente.

Dos, el contexto inmediato destaca que fue el agua literal. Hay que recordar que Nicodemo vino a Jesús durante el tiempo de una revolución religiosa muy ferviente en palestina. El característico más distintivo de esta revolución fue el bautismo de Juan. Por ejemplo, en Juan 1:28 Juan estaba bautizando en Betábara al otro lado del Jordán. Este evento fue bien conocido y precedió sólo por un poco la conversación de Cristo con Nicodemo en Juan 3:5. Además, en Juan 3:22, «después de esto, vino Jesús con sus discípulos a la tierra de Judea, y estuvo allí con ellos, y bautizaba.» Un poco más adelante, Juan 4:1-2 explica como Cristo hacía y bautizaba más discípulos que Juan (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos). Entonces, la obra de Cristo igual que la obra de Juan el bautizador fue asociada en la mente de esas personas (y en el contexto inmediato de Juan 3:5) con el bautismo. El bautismo fue el rasgo más típico de la revoución religiosa que Juan inició y que Jesús mantuvo. El bautismo fue el sentido más natural de la palabra «agua» en la mente de Nicodemo, y más de acuerdo con el contexto inmediato en Juan 3:5 cuando Cristo dijo, «de cierto de ciero te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.»

Tercero, varios otros textos que hablan de la conversión y la santificación destacan la importancia del bautismo. Esto es el contexto más ámplio del Nuevo Testamento. Por ejemplo, 1 Corintios 6:11 anuncia, «mas ya habéis sido lavados, y habéis sido santificados, y habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.» Efesios 5:25 y 26 dice que Cristo se entregó a sí mismo por la iglesia «para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra.» No dice que el agua es la palabra, sino que purificó a la iglesia en el lavamiento del agua. ¿Cómo? Por la palabra. El lavamiento es el bautismo que es obedecido por la enseñanza de la palabra. Tito 3:5 declara, «nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo.» Hebreos 10:22 dice, «acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.» Y Ananías le dijo a Saulo en Hechos 10:22, «Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.» Hay agua literal en el plan de salvación en el contexto más ámplio del Nuevo Testamento.

Algunos ponen la objección de que el agua sea símbolo para el Espíritu. Pero, Cristo mencionará el Espíritu próximo como otro elemento distinto del agua en Juan 3:5. Otros alegan que el agua se refiere al líquido amniótico del nacimiento físico. No obstante, Cristo está contrastando ese nacimiento con el renacimiento. Esa objección cae en el mismo error de Nicodemo quien preguntó ¿puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Por supuesto que todo pecador—es decir, todo humano—ha nacido naturalmente desde el líquido amniótico, pero Cristo ha mandado dos elementos escenciales del renacimiento, el agua y el Espíritu.

Nacer del Espíritu quiere decir nacer a través de la enseñanza del Espíritu Santo, el evangelio. 1 Corintios 4:15 dice, «…pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio.» El evangelio fue dado por el Espíritu Santo. Por eso, fueron engendrados o sea renacidos por el Espíritu Santo.

En tercer lugar, Cristo ejemplifica el renacimiento en Juan 3:6-8. Es comparado al misterioso viento que no se ve pero cuyos resultados se sienten. La salvación no es completamente pasiva de parte de Dios tampoco completamenta activa de parte del hombre. Las palabras del Espíritu por el evangelio efectuan un cambio en el corazón humano. Los resultados en su vida se ven aunque la causa de los cambios no se ve. El Espíritu es involucrado íntimamente en la revelación de la voluntad de Dios y en la santificación del alma humana. ¡Tendrás que renacer! Gracias, y hasta la próxima.

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