«Interpretando la Bíblia»

Por Phillip Gray, La Verdad Para el Mundo

Gracias por su sintonía. La bíblia es la palabra de Dios. Pablo dijo en 2 Timoteo 3:16,17: «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.» Pero, ¿cómo podemos interpretar la bíblia? El apóstol Pablo dijo que es posible entender sus escritos. En Efesios 3:4 escribió al respecto: «leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo.» Podemos entender, dice, aunque es obvio que nos cuesta. Tenemos que procurarnos con diligencia a presentarnos a Dios aprobados, como obreros que no tenemos que avergonzarnos, que usamos bien la palabra de verdad, como dice en 2 Timoteo 2:15.

Entonces, en este estudio, pensamos aprender algunas preguntas básicas que tenemos que traer al texto cuando lo leemos para comprender de veras lo que el autor inspirado quizo decir.

Si Ud. tiene lapiz y papel a su alcance, por favor, apunte las siguientes preguntas sencillas que pueden ser de mucho provecho en sus estudios de la bíblia:

La primera pregunta que hay que hacer al alcanzar el texto es obvio: ¿Está de veras en la bíblia?

A veces, la gente dice que tal cosa se encuentre en la bíblia, y hay dichos que pasan de persona en persona que supuestamente son dichos bíblicos. Pero, tenga cuidado, porque muchas veces son nada más que los proverbios o dichos tradicionales que se originaron con los hombres. Por ejemplo: A veces se oye, «guáradate, que Dios te guardará,» o «la limpieza está próximo a la piedad,» y tales otras cosas. Sin embargo, no se encuentran en la bíblia, y esto puede ser de mucho daño para nosotros cuando pensamos entender la palabra de Dios. Tiene que ser de veras la palabra de Dios, primero. (Escríbanos a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)

La segunda pregunta que tenemos que traer al texto bíblico al estudiarlo es: ¿Quién está hablando en este texto? ¿Quién está hablando? Por ejemplo: El salmo 14:1 contiene la frase «no hay Dios.» Pero, ¿quien dice esto? El versículo amplio explica que «dice el necio en su corazón, no hay Dios.» Job 2:9 contiene la frase: «maldice a Dios, y muérete.» Sí, pero esto fue el consejo necio de la mujer de Job, no el mandamiento de Dios. ¿Quién habla en el texto? Con frecuencia, el texto registra las palabras de otras personas no-inspiradas, ¡incluso el diablo mismo! Pero, esto no quiere decir que la bíblia apoya esas ideas, sino que las registra de modo que entendamos nosotros el error de esas ideas.

La tercera pregunta necesaria para interpretar el texto bíblico es: ¿a quién habla? Al decidir que determinado dicho está en el texto, y al averigüar ¿quién habla aquí? podemos proceder a la pregunta, ¿a quién habla? Esto es muy importante. Por ejemplo, hay un texto que manda que se vaya a predicar sólo a «las ovejas perdidas de la casa de Israel» (Mateo 10:6). ¿Significa este texto que nosotros tenemos que predicar sólo a los judíos? No. El contexto muestra que Cristo hablaba con sus doce discípulos. Esa comisión limitada no aplica a nosotros. La Gran Comisión de Mateo 28:18-20 es lo que a nosotros ahora sí nos aplica. Otro ejemplo del uso de la pregunta, ¿a quién habla? es 1 Juan 1:9 que dice, «si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.» Se malentiende este texto cuando se le aplica al pecador ajeno de Cristo. Es dirigido a los cristianos ya redimidos por Cristo mediante la fe y la obediencia. Entonces, no es correcto citar este texto para la persona no-conversa. Es necesario para el mundano hacer más que solamente confesar sus pecados para ser salvo. Otro ejemplo más a la actualidad es de Juan 14:26, que dice, «mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.» Algunos tratan de aplicar estas palabras a los cristianos del día de hoy, pero esto no es interpretación adecuada, porque en el contexto Cristo habló con los doce apóstoles. Entonces, no aplica a nosotros, sino aplicaba a ellos en aquel entonces. (Escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)

La cuarta pregunta necesaria al acercarnos a cualquier texto bíblico es: ¿cuándo habla? ¿cuándo, o en cuál edad o época habla? La bíblia se divide en dos partes generales, el Antiguo y Nuevo Testamentos. Muchas veces, el apóstol Pablo describe el Antiguo Testamento como «la ley.» Explica en Gálatas 3:24,25: «De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo.» Por eso, ya no estamos bajo el Antiguo Testamento, y no es correcto acudir a esa ley abrogada para imponer los reglamentos para la iglesia del Nuevo Testamento. Se puede encontrar textos que enseñan la necesidad de ofrecer los sacrificios de animales en el culto, pero, no aplican a nosotros hoy en día, puesto que estamos bajo el Nuevo Testamento (2 Corintios 3:3-11).

La quinta pregunta necesaria para entender determinado texto de la bíblia es: ¿qué clase de literatura es esta? Algunos textos son narrativos de la historia. Otros son las profecías. Otros son la poesía (como en los salmos). Otros son proverbios, o epístolas, o aún la literatura apocalíptica,es decir, figurativa en vez de literal. Es importante saber qué tipo o qué género literario estamos estudiando.

La sexta pregunta necesaria para entender el texto bíblico es: ¿qué significan las palabras individuales del texto? Más importante, ¿qué significan las palabras en sus contextos? Se puede empezar con el diccionario del español. Pero, hay que tener cuidado, porque la academia real básicamente destaca la definición de las palabras como se usan en la actualidad, y no necesariamente como se entendieron en su contexto o en su idioma original. El Antiguo Testamento fue escrito primero en hebreo (con algunas partes en arameo). El Nuevo Testamento fue escrito en griego. Por tanto, hay que aprender el significado de las palabras en esos idiomas para realmente comprenderlas hoy en día. No obstante, uno puede entender todo lo necesario para ser salvo a través de la bíblia en castellano. Un ejemplo es la palabra «bautizar.» En el griego, significa «sumergir o inmersionar.» Pero, eso se ve también en la traducción en español. En Hechos 8:38-39 es obvio que ser bautizado es ser sumergido. Las definiciones de las palabras son muy importantes.

La séptima pregunta al estudiar el texto es: ¿qué es la relación gramatical entre la palabras? Por ejemplo, Pedro mandó en Hechos 2:38: «Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucrito para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo.» El arrepentirse y el ser bautizado se relacionan al perdón de los pecados por medio de la palabra «para.» Quiere decir que el arrepentimiento y el bautismo son para (no por) el perdón. Entonces, uno tiene que arrepentirse y ser bautizado de modo que obtenga el perdón de los pecados.

La octava pregunta: ¿es literal o figurativo? Juan 15:1 es figurativo cuando dice que Cristo es la vid verdadera. La cifra de ciento cuarenta y cuatro mil de Apocalipsis 14:1-4 es obviamente figurativo en su contexto.

¿Está en la bíblia? ¿Quién habla aquí? ¿A quién habla? ¿Cuándo habla en la historia bíblica? ¿Qué tipo de literatura es? ¿Qué significan las palabras? ¿Qué es la relación gramatical? y ¿es literal o figurativo? son las preguntas más básicas que tenemos que hacer al acercarnos a cualquier texto bíblico. Si Ud. desea, puede conocer la verdad que le hace libre (Juan 8:32). Gracias, y hasta la próxima.

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