Por Phillip Gray, La Verdad Para el Mundo
El Señor Isaac Newton una vez dijo: «Se puede decir que el cristianismo mismo está basado en la profecías de Daniel.» Hoy, comenzamos un estudio del libro de Daniel en el Antiguo Testamento, uno de los libros más importantes desde el punto de vista apologético. Su servidor ha diseñado este estudio por varias razones. Primero, es para informarle acerca de los contenidos del libro de Daniel. Segundo, es para enterarle de los asuntos históricos que tienen que ver con la interpretación de las profecías. Tercero, es para infundir en nosotros un mejor aprecio para el libro de Daniel. Cuarto, es para fortalecer nuestra fe en Dios quien rige por toda la historia humana. Después del himno, presentaré el libro de Daniel más al fondo:
El libro de Daniel abunda con las profecías pronosticadoras. De hecho, se encuentren quizás las profecías más detalladas de toda la bíblia aquí en Daniel. Es por eso que el libro de Daniel en nuestros tiempos es hallado en «el foso de los críticos.»
Comenzemos con algunos comentarios acerca de las profecías que predicen. ¿Qué es el origen verdadero de las profecías bíblicas? 2 Pedro 1:20,21 explica lo siguiente: «entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.» Eso es como nos muestra Hebreos 1:1,2 también: «Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.» Por tanto, las predicciones en el libro de Daniel surgieron de la omnisapiencia de la mente divina.
Esas predicciones ponen un reto recio para cualquier explicación humana del origen del libro de Daniel. Por ejemplo, uno viviendo hoy día posiblemente pueda predecir quien será el próximo presidente de los Estados Unidos, y con suerte, tener éxito. Pero, si un hombre que vivía en Egipto hace más de 400 años pudiera predecir con éxito el nombre del próximo presidente, el tiempo de su selección, y los detalles de su administración, entonces podríamos decir que ese pronosticador tuvo que haber tenido alguna medida de la inspiración sobrenatural.
Ahora, pues, la bíblia nos dice por qué fueron escritas tales profecías. Por ejemplo, Moisés advertió en Deuteronomio 18:20,22: «El profeta que tuviere la presunción de hablar palabra en mi nombre, a quien yo no le haya mandado hablar, o que hablare en nombre de dioses ajenos, el tal profeta morirá. Y si dijeres en tu corazón: ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no ha hablado? si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él.» (A propósito, todos los supuestos profetas modernos han salido mal de esta prueba.) Las profecías pueden ser probadas y además sirven como pruebas, o sea, evidencias. Isaías 48:3-5 registra a Dios diciendo al pueblo de Dios desviado, «Lo que pasó, ya antes lo dije, y de mi boca salió; lo publiqué, lo hice pronto, y fue realidad. Por cuanto conozco que eres duro, y barra de hierro tu cerviz, y tu frente de bronce, te lo dije ya hace tiempo; antes que sucediera te lo advertí, para que no dijeras: Mi ídolo lo hizo, mis imágenes de escultura y de fundición mandaron estas cosas.» En este texto, Dios les dice que el propósito de las profecías que predicen el futuro es para mostrarles su realidad y la verdad de su palabra. Cuando se cumplen los pronósticos, es bien sabido que Dios había hablado de veras. Jeremías 28:9 añade: «El profeta que profetiza de paz, cuando se cumpla la palabra del profeta, será conocido como el profeta que Jehová en verdad envió.» Eso es como las profecías de Jesús de Nazeret que les habló a sus discípulos. Dijo en Juan 16:4: «Mas os he dicho estas cosas, para que cuando llegue la hora os acordéis de que ya os lo había dicho.» Entonces, las profecías encontradas en el libro de Daniel y cumplidas muchos años más tarde sirven de evidencia de la inspiración del libro y del Antiguo Testamento.
Se puede resumir nuestro argumento basado en las profecías de Daniel de la manera siguiente:
La primer premisa: Toda profecía pronosticadora que se puede explicar solamente por medio de la influencia sobrenatural y la cual fue claramente declarada antes de su cumplimiento es evidencia que verifica los reclamos de la religión en tela de juicio.
Segunda premisa: se puede explicar toda profecía pronosticadora de la bíblia, la cual fue claramente declarada antes de su cumplimiento, solamente por medio de la influencia sobrenatural.
Conclusión: Por lo tanto, toda profecía pronosticadora de la bíblia es evidencia que verifica los reclamos de la bíblia (de la religión en tela de juicio).
El silogismo lógico que acabo de presentar es válido en cuanto a su forma. Ahora, nos toca a nostros decidir si es sólido el argumento, es decir, si las premisas son verídicas. Hay que notar dos condiciones necesarias para que existiesen las profecías cumplidas genuinas. Número uno: tiene que haber un registro indudable de su declaración desde largo tiempo antes del evento predicho. Número dos: el evento tuvo que haber acontecido precisamente de acuerdo con los detalles de la predicción. En otras palabras, preguntamos, ¿de veras habló esto el profeta? y ¿de veras pasó exactamente como él predijo? Son los criterios imprescindibles para la existencia de la profecía genuina.
Para que sepa, el libro de Daniel abunda con las predicciones que podemos poner en correlación con la historia. Por tanto, es un libro que llena los dos requisitos para la existencia de la profecía genuina. Como esperamos ver en los estudios futuros, en Daniel capítulo 9 se encuentra la profecía de las setenta semanas que tienen correlación con la crucifixión de Jesús el Mesías. En capítulo dos veremos la predicción de los cuatro imperios mundiales que solo un hombre inspirado por Dios pudo haber conocido. En Daniel capítulo once, se dan los detalles de la historia de la lucha de los Macabeos contra los griegos, aún muchos años antes del nacimiento de Judas Macabeo. Es obvio que tenemos que establecer la fecha verdadera y muy antigua para el escrito de libro de Daniel para confirmar este argumento. Esto queremos hacer en más detalle en otros estudios. Pero ya basta decir que la fecha tradicional para Daniel fue el año 532 a.C. El autor tradicional fue Daniel mismo (capítulo 12:4). Veremos que el texto de Daniel como actualmente tenemos es una unidad literaria que además refleja un conocimiento detallado de las condiciones del sexto siglo a.C. Tales referencias a los detalles de la cultura y la historia del sexto siglo excluyen la posibilidad de un origen en el segundo siglo a.C. como han alegado algunos incrédulos. Aún ciertos religiosos han aseverado que Daniel es producto literario tardío. Pero, hay que recordar que Jesucristo citaba el libro de Daniel por ser una historia confiable y verídica en Mateo 24:15. Hay dos alternativas: O sea, Cristo no supo de lo que habló, entonces, ¿cómo confiarle en cualquier punto? O sea, si lo supo, ¿cómo nos relató una mentira de propósito? Ninguna alternativa es aceptable para el cristiano. Entonces, el libro de Daniel que tenemos es auténtico, genuino y verdadero. El único motivo por lo cual niegan los críticos la paternidad literaria de Daniel y su fecha temprana es un sesgo anti-sobrenatural. Al fin y al cabo, es la filosofía del materialismo que pone el obstáculo para no creer en las profecías cumplidas. No obstante, podemos confiar en nuestra bíblia. ¿Ha obedecido Ud. sus enseñanzas? Crea y obedezca por el arrepentimiento, la confesión, y el bautismo hoy mismo. Gracias, y hasta la próxima.