«El Libro de Daniel Parte Tres: Capítulo Uno»

Por Phillip Gray, La Verdad Para el Mundo

Esta es la tercera parte de nuestra serie de estudios acerca del libro del profeta Daniel. Esta vez, entramos en una exposición del primer capítulo, explicando algo de su historia, y sacando ciertos principios básicos que pueden servir de guia para nosotros mismos aún después de dos milenios y medio desde el día de Daniel.

El libro de Daniel, el capítulo uno, los versículos 1-2 dice:

«En el año tercero del reinado de Joacim rey de Judá, vino Nabucodonosor rey de Babilonia a Jerusalén, y la sitió. Y el Señor entregó en sus manos a Joacim rey de Judá, y parte de los utensilios de la casa de Dios; y los trajo a tierra de Sinar, a la casa de su dios, y colocó los utensilios en la casa del tesoro de su dios.»

Es de notar que el texto aquí no dice que Nabucodonosor conquistó a Jerusalén en esta ocasión, sino que la sitió. De hecho, iba a hacer tres distintas campañas contra Judá y Jersusalén antes de vencerlo por completo. Es interesante que el antiguo historiador, Berosus, citado por otro historiador antiguo, Josefo, mencionó que durante esta campaña Nabucodonosor recibió noticias de la muerte de su padre, y por eso dejó el sitio de Jerusalén y volvió rápido a Babilonia, al mismo tiempo trayendo consigo a los presos capturados en Judá, Fenicia y Siria. Esto a lo mejor incluyó precisamente al joven Daniel con sus tres amigos.

Hay que recordar que la cautividad final de los judíos por los babilonios fue el cumplimiento de ciertas profecías por las cuales Dios había amenazado a su pueblo rebelde. Por ejemplo, Deuteronomio 31:16-30 registra una amenaza así. Dios le predijo a Moisés que después de su muerte los hijos de Israel se levantarían y fornicarían tras los dioses ajenos, así dejando a Dios e invalidando su pacto. Por tanto, iban a venir sobre ellos muchos males y angustias por esa rebelión. Jeremías 25:8-14 contiene otra advertencia específicamente concerniente a Nabucodonosor rey de Babilonia, que se actuaría como el siervo de Jehová para castigar a Judá. Entonces, en las primeras líneas que dan inicio al libro de Daniel, vemos la realidad tras las advertencias del Señor. Siempre cumple con sus amenzas. Hoy día, todavía nos advierte, diciendo que es «necesario que que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo» (2 Corintios 5:10).

Vemos en el sitio de Jerusalén el resultado de los pecados no-arrepentidos. Asimismo 2 Tesalonicenses 1:7-9 nos advierte que aquellos que no conocen a Dios ni obedecen al evangelio sufrirán pena de eterna perdición.

Y vemos en el sitio de Jerusalén y la cautividad de Daniel y sus tres amigos la realidad del gobierno de Dios en este mundo. Al fin y al cabo, Dios está encargado aún con el mapa político del mundo. Daniel 7:17 explica, «el Altísimo gobierna el reino de los hombres, y que a quien él quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres.» Esto es principio a veces difícil de comprender. ¿Por qué permite el buen Dios el liderazgo cruel de los tiranos y los dictadores malísimos? ¿No tiene él el poder para destruir a esos gobiernos que persiguen a sus pueblos y que se oponen a la ley divina? La respuesta es «sí.» Pero, hemos visto en los primeros versículos de Daniel que Dios a veces permite el regimen de un tirano, como de Nabucodonosor, un líder agresivo y cruel, para cumplir sus propios diseños en el mundo. Nabucodonosor le servía no a sabiendas. No estuvo cumpliendo consientemente la voluntad de Jehová, aunque Jehová usaba su ambición y crueldad para castigar a los judíos por sus pecados. Cuando fue cumplido ese servicio de los babilonios, ellos mismos más tarde fueron castigados por su parte en el sitio y el dominio de Judá. (Para una copia de este estudio, o para inscribirse en nuestro curso bíblico por correspondencia, escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)

En segundo lugar, vemos algunas lecciones importantes en cuanto a los cuatro jóvenes cautivos, Daniel, Ananías, Misael y Azarías. Nabucodonosor quizo entrenar a esos jóvenes en la ciencia y la sabiduría de babilonia para servir en su administración. Entonces, los puso bajo la carga del jefe de los eunucos, y señaló su ración de cada día, constando de la comida del rey y del vino que él bebía. Pero, a causa de algunas prohibiciones en la ley de Moisés, los jóvenes propusieron en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey. Entonces, Daniel rogó al jefe de los eunucos que les diese el permiso de comer nada más de legumbres y agua, y así hacer una prueba de su salud. Ese se lo permitió, pero renuentemente por el miedo de haber violado el mandato del rely. No obstante, al cabo diez días, el rostro de los jóvenes judíos pareció más robusto que el de los otros muchachos que comían de la porción de la comida del rey. Eso comprobó el hecho que el Dios de Israel y sus leyes dietéticas fueron superiores a los de los babilonios.

En esta historia se ve que los principios religiosos siempre van a ser probados. Hoy día, es lo mismo. 2 Timoteo 3:12 dice: «Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución.» Aún Moisés había escogido «antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado.» Daniel y sus tres amigos fueron probados por su fe en Dios, así como nosotros seremos probados por vivir como cristianos. (Escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)

Vemos en Daniel capítulo uno el valor del denuedo en la religión. Para ser fiel al Señor, uno tiene que proponer en su corazón igual que Daniel a no contaminarse con las cosas del mundo. A veces, eso exige mucho coraje. Por eso, el apóstol Pablo nos dice a nosotros los cristianos en 2 Timoteo 1:7: «Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.»

Vemos en Daniel uno que la fidelidad a Dios es la forma más idonea para tener el favor de los hombres. Daniel 1:9 dice: «y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos.» Proverbios 16:7 explica: «Cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová, aun a sus enemigos hace estar en paz con él.»

Vemos en Daniel uno la importancia de ser fiel en las cosas pequeñas. Daniel simplemente rehusó contaminarse con la comida o con el vino del rey. Algunas personas hoy día piensan que las cosas pequeñas no importan a Dios, pero no es así. Daniel conoció el principio luego declarado por Jesús, «El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y él que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.»

Y por fín, vemos el resultado de la prueba de Daniel y sus amigos en el capítulo 1, versículos 11-21. La fe y la lealtad van a ser apremiadas. La salud y el vigor con frecuencia son el resultado del buen moral. El crecimiento del SIDA y de otras enfermedades transmitidas por la promiscuidad sexual es testigo de las consecuencias malas del pecado.

Bueno, todos nosotros tenemos que aprender estas lecciones básicas en Daniel capítulo uno. Necesitamos más fe, más denuedo, más de los principios religiosos inflexibles, y más amor para Dios como tuvieron Daniel y sus tres amigos. Todo eso tiene su inicio en la fe en el Cristo resucitado y en la obediencia a sus mandamientos. ¿Se ha arrepentido Ud.? ¿Ha confesado a Cristo delante de los hombres? ¿Ha sido bautizado en agua para perdón de los pecados? Por favor, trate de imitar el ejemplo de la lealtad del jóven Daniel hoy mismo. Gracias, y hasta la próxima.

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