«El Libro de Daniel Parte Siete: Capítulo Cinco»

Por Phillip Gray, La Verdad Para el Mundo

A continuación, estudiamos en la presente lección el capítulo cinco del libro de Daniel en el Antiguo Testamento. Es la historia del rey Belsasar y la escritura en la pared hecha con los dedos de la mano de un hombre invisible. Si Ud. desea recibir mayor información respecto al libro de Daniel, o si piensa inscribirse en nuestro curso bíblico por correspondencia, escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180. Todas nuestras ofertas son gratis. Primero, escuchemos nuestro himno:

Daniel capítulo cinco relata que Belsasar, rey de Babilonia, «hizo un gran banquete a mil de sus príncipes, y en presencia de los mil bebía vino.» Versículo dos sigue narrando: «Belsasar, con el gusto del vino, mandó que trajesen los vasos de oro y de plata que Nabucodonosor su padre había traído del templo de Jerusalén, para que bebiesen en ellos el rey y sus grandes, sus mujeres y sus concubinas.» El versículo cuatro explica que bebieron vino, y alabaron a los dioses de oro y de plata, de bronce, de hierro, de madera y de piedra. Entonces, el texto describe un escenario de las borrecheras y del sacrilegio idólatra. Ahora, Daniel 5:6 describe un acontecimiento espantoso. Dice: «En aquella misma hora aparecieron los dedos de una mano de hombre, que escribía delante del candelero sobre lo encalado de la pared del palacio real, y el rey veía la mano que escribía.» El texto sigue mostrando como el rey no pudo entender el significado de las palabras escritas en la pared, y que ninguno de los sabios del rey—es decir, de los magos, los caldeos y adivinos—pudo descifrar la escritura tampoco. Por fín, llamaron al profeta Daniel que sí pudo entender y que les explicaba que la escritura dijo «Mene, Mene, Tekel, Uparsin», lo cual quiere decir, MENE: que «contó Dios tu reino, y le ha puesto fin. TEKEL: Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto. PERES: Tu reino ha sido roto, y dado a los medos y a los persas» (Daniel 5:25-28). Entonces, el rey le exaltó a Daniel y mandó proclamar que él era el tercer señor del reino. Daniel 5:30-31 dice: «La misma noche fue muerto Belsasar rey de los caldeos. Y Dario de Media tomó el reino, siendo de sesenta y dos años.» (Para inscribirse en nuestro curso bíblico por correspondencia, escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)

Es interesente que Belsasar es representado como el rey de Babilonia cuando fue conquistado por las fuerzas combinadas de los Meso y Persas. Además, se dice que fue hijo de Nabucodonosor. Los orientales solían de llamar «hijo» aún a los nietos u otros descendientes de los hombres grandes. Sabemos ahora que el último rey de Babilonia oficialmente fue Nabonidus, el padre de Belsasar. Por muchos siglos, los historiadores menos Daniel no se recordaron nada de Belsasar. Pero, recientemente la ciencia de la arqueología ha descubierto algunas inscripciones que testifican a la existencia de Belsasar o de su padre Nabonidas. Ya sabemos que por alguna razón no sabida, Nabonidas se había retirado a Teman en Arabia del Norte. No quizo participar en los asuntos políticos del reino. Por tanto, le dejó a Belsasar su hijo como el encargado del gobierno y del ejéricto. Sabiendo estos datos nuevamente descubiertos, ya podemos entender mejor la promesa de Belsasar de levantar a Daniel al tercer señor del reino en vez de al segundo, el cual fue Belsasar mismo, aquí llamado el «rey» por los afectos prácticos. Entonces, estos hallazgos ahora testifican otra vez de la fecha temprana del libro de Daniel en el sexto siglo a.C. Un falsificador del segundo siglo a lo mejor no lo hubiera conocido que Belsasar no fue precisamente el rey o el primer señor sino el segundo. (Escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)

Pues, ¿cuales fueron los pecados de Belsasar tan graves que por ellos perdió su reino? En primer lugar, Daniel cinco habla de la borracheras del rey y sus compañeros en el gran banquete que hizo. Bíblicamente, la embriagéz es pecado. Efesios 5:18 dice: «No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución….» Gálatas 5:19-21 dice que las borracheras son una obra de la carne, y que los que practican tales cosas no herederán el reino de Dios. 1 Corintios 6:10 advierte que los borrachos no herederán el reino de Dios. Y Proverbios 23:31 dice: «No mires al vino cuanod rojea, cuando resplandece su color en la copa.» Por tanto, el uso recreativo del alcohol es pecado porque la embriaguéz es pecado y cada trago del licor trae solamente distintos grados de la embriaguéz.

Otro pecado de Belsasar en Daniel 5 fue el pecado del sacrilegio, es decir, «una ofensa a las cosas sagradas.» El rey y sus compañeros bebían vino de los vasos de oro y plata que Nabucodonosor había robado del templo de Dios en Jerusalén. La persona promedia que vivía en el antaño creía que el sacrilegio es malísimo. Hoy día, es problema grave. Recientemente, el gobernador del estado de Minnesota, el ex-luchador Jesse Ventura, dijo que la religión organizada es un simulacro y una muleta para las personas de mentes débiles que buscan la fuerza por los números. Jesucristo murió por su iglesia (Hechos 20:28). Su iglesia es sagrada. Su iglesia es la manifestación de la religión organizada. El gobernador simplemente hablaba con una falta de respeto. El apóstol Pablo nos reta en Romanos 2:22: «Tú que abominas de los ídoloos, ¿cometes sacrilegio? Tenemos que restaurar en nuestra época una reverencia para las cosas sagradas. (Escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)

Además, Belsasar en Daniel 5 perdió su reino por el pecado de la idolatría (versículo 4). Pero, no somos tan diferentes. Muchos de nosotros adoramos los dioses de la plata, el oro, y del hierro (las cosas materiales). De hecho, Pablo escribió en Colosenses 3:5 que la avaricia es idolatría. Si pongo mi negocio o mi dinero delante de las cosas de Dios, soy idólatra. Temo que muchos de los países occidentales tradicionalmente democráticos poco a poco están perdiendo el debido respeto para los valores eternos que han servidio de cimiento de nuestras culturas por varios siglos. En su lugar, estamos poniendo el dios del amor del dinero. Es que a veces el capitalista comete el mismo pecado del comunista—cree que la materia es primordial en vez de Dios, el Creador. Belsasar fue idólatra. Por eso, perdió su reino. Lo mismo nos puede pasar si no volvemos del camino actual del neo-imperialismo y del materialismo, confundiendo así el mercado libre con la libertad verdadera.

Belsasar cometió el pecado de menospreciar las advertencias divinas. Su padre o abuelo Nabucodonosor había aprendido una lección dura sobre el reino de Dios. Ya se olvida su nieto, y por eso, pierde su reino. No dio la gloria a Dios.

Por tanto, esa misma noche, fue pesado en balanza y fue hallado falto. ¿Y Ud.? ¿Se puede decir que ha sido pesado ahora mismo en balanza y hallado falto? Romanos 14:12 dice: «De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.» Viene el juicio (Hebreos 9:27). ¿Está Ud. listo? Romanos 2:6 nos advierte: «el cual pagará a cada uno conforme a sus obras.» Entonces, Ud. tiene que oir el evangelio y creerlo (Juan 8:24). Tiene que arrepentirse de sus pecados, confesando a Cristo, y siendo bautizado en agua para perdón de sus pecados (Hechos 2:38; Romanos 10:9,10). Cristo entonces le añadira a su iglesia sagrada (Hechos 2:47). Ud. podrá allí servir a Dios con la sobriedad, con el debido respeto para las cosas sagradas, con el culto de Dios en vez de los ídolos, y con un corazón temeroso de las advertencias de Dios que le dará a él la gloria que merece. Gracias, y hasta la próxima.

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