«El Libro de Daniel Parte Seis: Capítulo Cuatro»

Por Phillip Gray, La Verdad Para el Mundo

Gracias por su sintonización. En este programa, vamos a estudiar el capítulo cuatro del libro de Daniel. La presente es la lección número seis en nuestra serie de Daniel. Si Ud. desea una copia de estos estudios, o si le gusta inscribirse en nuestro curso bíblico por correspondencia, favor de escribir a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180. Repito, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180. Todas nuestras ofertas son gratis. Después del himno, volveremos a Daniel 4 y el segundo sueño de Nabucodonosor el rey de Babilonia:

Daniel capítulo cuatro comienza con una carta del rey Nabucodonosor, rey del imperio babilónico donde estaba exiliado el profeta judío Daniel. La carta fue publicada «a todos los pueblos, naciones y lenguas que moran en toda la tierra» (versículo 1). Eso da a entender que el contenido de esta carta es universal y duradero. Nos aprovechamos también cuando la leemos. El rey anuncia que el propósito de la carta es de alabar al Dios Altísimo. De acuerdo con Daniel 2:47, sabemos que eso fue el Dios de Daniel y sus tres amigos, el Dios de Israel. En versículo 3, el rey confiesa que «su reino», el reino de Dios, es «reino sempiterno, y su señorío de generación en generación.» Esta declaración puede servir como el tema principal de todos los acontecimientos relatados en Daniel 4. En versículo cuatro, el rey explica que «Yo Nabucodonosor estaba tranquilo en mi casa, y floreciente en mi palacio.» En el próximo versículo dice que, «Vi un sueño que me espantó.» Esto es el segundo sueño del rey de Babilonia registrado en Daniel.

Los versículos 10 al 17 de Daniel 4 dan los detalles de este sueño. Le urgo leerlo en detalle después, pero basta ahora resumir sus contenidos. El rey vio una visión de un arbol en medio de la tierra «cuya altura era grande. Crecía este árbol, y se hacía fuerte, y su copa llegaba hasta el cielo, y se le alcanzaba a ver desde todos los confines de la tierra. Su follaje era hermoso y su fruto abundante, y había en él alimento para todos.» Sigue el texto diciendo que ese árbol fue bendición para todo animal y para toda ave y que «se mantenía de él toda carne.» De repente, el rey vio en su sueño que un vigilante descendió del cielo y clamaba fuertemente así: Derribad el árbol. Pero, en versículo 15 se dice que la cepa de sus raíces iba a ser dejada en la tierra con atadura de hierro y bronce, y que su iba a ser mojado con el rocío del cielo. Esto fue el sueño.

Daniel 4:18-27 provee la interpretación del sueño del rey Nabucodonosor. Daniel le explica que el árbol es símbolo del rey mismo en su grandeza y poder. Además, que iba a ser cortado en medio del esplendor de su reino y que iba a huir al campo y vivir como un loco, como una bestia del campo, como un animal. Este período de locura o de la psicosis duraría por siete años. Luego, la razón del rey le iba a ser devuelta y su reino restaurado. Dios hizo esta predicción de antemano para que cuando ocurriera, el rey sabría que fue el decreto del Dios Altísimo. (Escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)

Ahora, pues, Daniel 4:28-34 narra el cumplimiento de esta profecía tan extraña. Dice que «al cabo de doce meses, paseando en el palacio real de Babilonia, habló el rey y dijo: ¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?» (versículos 29-30) «Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando vino una voz del cielo: A ti se te dice, rey Nabucodonosor: El reino ha sido quitado de ti; y de entre los hombres te arrojarán, y con las bestias del campo será tu habitación, y como a los bueyes te apacentarán; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien él quiere» (verso 32). Entonces, eso le pasó y el rey psicótico, el tirano Nabucodonosor el grande y el famoso, huyó al campo y vivía como cualquier animal sin poseer su razón por siente años.

El rey sigue anunciando en su carta al mundo y a las edades, «Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades» (Daniel 4:34). Además, fíjese en la última sentencia del versículo 37: «y él puede humillar a los que andan con soberbia.» (Escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)

Dios gobierna en los reinos de los hombres. Por su providencia, Dios está en control de la política. Nabucodonosor una vez había reconocido la supremacia del Dios de Israel (Daniel 2:47). Pero, puesto que no se hizo devoto verdadero, y no cambió su vida, esa creencia no le fue muy práctica. De hecho, el tirano todavía seguía en su tiranía y opresión de los oprimidos. Es interesante que Daniel le había aconsejado en Daniel 4:27 este consejo: «tus pecados redime con justicia, y tus iniquidades haciendo misericordias para con los oprimidos, pues tal vez será eso prolongación de tu tranquilidad.» Es bien conocido que el orgullo y la arrogancia son los pecados característicos de los grandes que han hecho grandes cosas en sus vidas. Pero, Dios muestra aquí que ninguno hace nada sin su permiso, y que ningún político tiene el mando sin su autorización.

¡Qué difícil es comprender esta realidad! A pesar de sus opresiones y sus injusticias, los tiranos del mundo y los gobiernos corruptos rigen solamente por el permiso de Dios. ¡Cuántas veces han sido alzadas las oraciones sinceras hacia las alturas pidiendo del Soberano del Universo que haya un cambio pacífico y suave del totalitarianismo hasta alguna forma de la democracia en tales países como Cuba, o Korea del Norte, o la China. Pero, hasta el día de hoy, la respuesta de Dios ha sido, «espérate»—«espérate»—o tal vez, «ahorita, no.» Sólo Dios entiende el por qué. Pero es cierto que Dios tiene la palabra final.

Mire lo que le pasó al rey de Babilonia cuando se enalteció a si mismo y se olvidó de la soberanía de Dios: ¡se volvió loco! Cada vez que los gobernantes del mundo se olvidan de Dios promueven la locura. Cuando el hombre se pone a sí mismo en el lugar de Dios, no se hace más grande—se hace como una bestia del campo. Por ejemplo, las culturas marxistas siguen el camino del legendario Prometeo cuando niegan la existencia de Dios. No se ponen más razonables, sino como los animales. De hecho, la teoría general de la evolución aboga por el concepto de que somos animales, nada más. El ateismo niega la humanidad del hombre. En vez de engrandecernos, esas teorías al fin y al cabo destruyen la misma base de la lógica, la ciencia, o la moralidad. A Lenin no le gustó la teoría del vaso de agua. Los críticos habían señalado que para el marxismo ateísta el deseo sexual es como la sed. Si uno tiene sed, puede tomar un vaso de agua. Si uno codicia a una mujer, puede acostarse con ella. Lenin pensaba que eso fue una idea dañiña para la disciplina exigida por la revolución. El problema es que Karl Marx había declarado que bajo la primera estapa del comunismo, las mujeres iban a ser como un pedazo de la propiedad común, y que la prostitución universal prevalecería (escribiendo en sus Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1844). Eso es una postura más consecuente con la tesís inicial del comunismo, es decir, el materialismo ateísta. El respetado Fidel Castro ha hecho un error semejante al error de Lenin. Dijo que «en una revolución la moral es el factor fundamental» (en su entrevista con Frei Betto). Pero, no se da cuenta el Señor Castro que en una revolución como ella de Prometeo, en una revolución que niega a Dios y que enaltece al hombre mismo, como ella de los Fascistas de Alemania e Italia en la segunda guerra mundial, o como ella de los Marxistas en China, Rusia, o en Cuba, la moral no puede ser factor fundamental, ¡porque no es nada más de una ficción de la imaginación! Si no hay Dios, el hombre es una bestia, y la razón no es confiable, y la moral no existe. Nabucodonosor se dio cuenta de eso por fin en Daniel 4. Ojalá que los líderes del mundo hoy día tengan el mismo privilegio de Dios de ser humillados para ver por fin la realidad y la grandeza de Dios, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades. Gracias, y hasta la próxima.

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