Por Phillip Gray, La Verdad Para el Mundo
En la presente lección, enfocaremos en el sexto capítulo de Daniel y la historia de Daniel en el foso de los leones. Cuando los medas y persas conquistaron a Babilonia, Daniel aparentemente mantuvo un puesto en el gobierno nuevo. Darío el meda ordenó a tres gobernadores a quienes los sátrapas diesen cuenta. Daniel era uno de los tres, pero superio a los otros dos. De hecho, el rey pensó en ponerlo sobre todo el reino. Por la envidia, los otros sátrapas y gobernadores buscaron ocasión para acusar a Daniel en lo relacionado al reino. Mas no podían hallar ocasión ni falta, porque él era fiel, y ningún vicio ni falta fue hallado en él (Daniel 6:4). Entonces, decidieron buscar ocasión de acusar a Daniel en relación con la ley de su Dios. Instaron al rey, Darío, a promulgar y confirmar un edicto real conforme a la ley de Media y de Persia, la cual no puede ser abrogada, una ley que prohibió pedir de cualquier dios u hombre fuera de Darío por treinta días. El castigo sería ser echado en el foso de los leones. Bueno, por el orgullos de la petición que le dio a Darío el rey por treinta días la condición de ser como un dios, promulgó ese edicto necio sin pensar en las consecuencias. Daniel 6:10 dice: «Cuando Daniel supo qu el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes.» Cuando sus enemigos políticos se enteraron de eso, hicieron un reporte a Darío de lo que pasó. El rey Darío estuvo muy triste por el edicto al darse cuenta que la ley estuvo en contra de Daniel a causa de su religión judáica. Quizo librarlo del edicto y su castigo, pero no pudo, puesto que bajo el sistema totalitario de los medas y los persas, no se podía abrogar una ley una vez hecha no importaba cuán absurda fuese esa ley. Por tanto, Darío tuvo que echar a Daniel en el foso de los leones, esperando la salvación de su Dios. Resultó que Dios mandó a su ángel que cerró la boca de los leones. Cuando lo supo Darío, se alegró y después mandó que se echasen a todos los enemigos políticos de Daniel que habían intentado a atraparlo con la nueva ley. Más tarde, Darío puso otra ordenanza que dijo «que en todo el dominio de mi reino todos teman y tiemblan ante la presencia del Dios de Daniel; porque él es el Dios viviente y permanece por todos los siglos, y su reino no será jamás destruido, y su dominio perdurará hasta el fin» (Daniel 6:26). Después del himno, meditaremos en las lecciones duraderas de Daniel capítulo seis.
(Si Ud. desea inscribirse en nuestro curso bíblico por correspondencia, escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.) Se puede bosquejar el capítulo seis de Daniel de manera siguiente: Uno, la promoción de Daniel (1-3); segundo, la conspiración contra Daniel (4-5); tercero, el edicto contra las peticiones a Dios (6-9); cuarto, Daniel en el foso de los leones (11-17); quinto, el castigo de sus enemigos políticos (24); y por fin, la promulgación de la nueva ordenanza a favor del Dios de Israel (25-28). Aprendemos algunas lecciones importantes de la historia de Daniel en el foso de los leones:
En primer lugar, vemos que el rango alto y político con frecuencia es la ocasión de una prueba fuerte para nuestra fe. Cuando Daniel estuvo promovido eso provocó la envidia de sus rivales. Por lo tanto, trataron de acusarlo en lo relacionado a su religión. No obstante, a pesar del edicto del rey para que ninguno orase a su dios por treinta días, Daniel hizo lo correcto. Daniel pudo haberse comprometido para la ventaja política. Pudo haber pensado, «bueno, no perjudicar mucho si no oro a Dios por un mes, porque si no obedezco el edicto, puedo perder mi influencia en el gobieron donde puede servir mejor los intereses de mi pueblo y de mi Dios que en el foso de los leones. Pero, Daniel no razonaba así. No pensaba que el fin justifica los medios. Creo yo personalmente que hoy día necesitamos a más cristianos sirviendo en los gobiernos del mundo donde hay oportunidad. Pero, hay que estar advertidos: siempre existe la tentación de comprometer la verdad por las metas inmediatas políticas. Cristo reconoció en Lucas 4:6 que la potestad y la gloria de los reinos de este mundo han sido entregadas al diablo. Claro que el concepto del gobierno civil es de Dios, pero la realidad es que se han apoderado de los gobiernos de este mundo los hombres pecadores bajo el control de Satanás. Por tanto, Daniel tuvo que ser probado por su rango en el gobierno de Media y de Persia. (Escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)
En segundo lugar, aprendemos de Daniel seis que nuestros deberes para con Dios son más importantes que nuestros deberes para con el gobierno civil. Darío el rey respetó a Daniel, y Daniel fue fiel en su puesto. Pero, creyó en el principio de Hechos 5:29, «es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.» Hoy día, ¡qué lástima que muchos gobiernos prohiben el ejercicio libre de la religión. Muchos gobiernos igual que el de Darío miran a la religión verdadera como un rival a su poder. Por tanto, hacen leyes y restricciones sinnúmero cuyos propósitos solamente es de estorbar el progreso del evangelio. Nosotros también tenemos que mostrar nuestra disposición de obedecer a Dios antes que a los hombres, aun sin no cuesta la vida. Daniel supo que su obligación a Dios fue más importante que su obligación para con el rey.
En tercer lugar, Daniel capítulo seis nos muestra que la obediencia muchas veces provoca la envidia y la persecución. Fue así en el el alba del tiempo. En Génesis 4, Caín mató a su hermano Abel por la envidia. 1 Jun 3:12,13 dice: «No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas. Hermanos míos, no os extrañeis si el mundo os aborrece.» Siempre es así. No hace mucho tiempo en el colegio Columbine en el estado de Colorado una alumna fue asesinada por un compañero de clase cuando le preguntó, «¿crees tú en Dios?» y ella le dijo, «si, lo creo.» Los siervos de Dios siempre están perseguidos (2 Timoteo 3:12). Los jóvenes que rehusan asistir a los bailes, o que no ven las películas malas, o que no se visten con ropas inmodestas son perseguidos por la justicia. Los viejos que no comprometen con el error, o que asisten con fidelidad a los cultos de la iglesia, o que se abstienen del alcohol sufren la persecución. Daniel fue perseguido por la envidia.
En cuarto lugar, vemos en la historia de Daniel en el foso de los leones en el capítulo seis que Dios protege a sus hijos. Ya estudiamos como protegió a Sadrac, Mesa y Abed-nego del horno de fuego en capítulo 3. Hoy día, nos protege a los cristianos. Si hacemos el bien, aun cuando parece que ese curso nos conducirá a la pérdida del dinero, de nuestros amigos, de la popularidad, o de la vida sí misma, Dios nos protege. Aun si tenemos que morir por Cristo, nos guardará en nuestro hogar celestial. Dios nos protege.
Y por fin, vemos en Daniel seis que aquellos que atacan injustamente a los inocentes con frecuencia crean su propio castigo. ¡Qué irónico que los enemigos de Daniel murieron junto con todos los suyos en el foso de los leones que había diseñado para la destrucción de Daniel! Proverbios 26:27 dice: «El que cava foso caerá en él; y al que revuelve la piedra, sobre él le volverá.» Puedo agregar que eso es así aún si pasa muchos años hasta que venga el día de venganza, pero siempre viene. Gálatas 6:7 dice: «no os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.» Amigo oyente, quizás Dios en su providencia le ha puesto a Ud. delante de este radio en esta frecuencia en este momento para comunicarle este mensaje: Dios no puede ser burlado. Entonces, si Ud. ha cavado un foso para otros, caerá en él al menos que sea redimido, por creer en Cristo, por arrepentirse de sus pecados, por confesar a Cristo, y por ser bautizado en agua para perdón de sus pecados. Gracias, y hasta la próxima.