«El Libro de Daniel Parte Cinco: Capítulo Tres»

Por Phillip Gray, La Verdad Para el Mundo

La presente es la lección número cinco en nuestra serie de estudios concerniente al libro de Daniel. ¿Se siente Ud. muy probado a veces? ¿Tiene que luchar contra las tentaciones del mundo? ¿Halla Ud. que sea necesario de vez en cuando resistir la tendencia de seguir a la multitud en sus desvíos del caminio recto? Si es así, entonces sepa que Ud. no es la primera persona que tiene que enfrentarse con esos problemas. En nuestro texto, el capítulo tres del libro de Daniel, tres varones tuvieron que enfrentarse con las misma tentaciones. Después del himno, veremos cómo Sadrac, Mesac y Abed-nego se mantuvieron fieles a pesar de la amenaza del horno de fuego. (Para una copia de este estudio, o para inscribirse en nuestro curso bíblico por correspondencia, escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia 30180.)

Daniel capítulo tres narra más de las acciones de Nabucodonasor, el rey de Babilonia que había llevado cautivos a los judíos del reino del sur, en el sexto siglo a.C. Daniel 3:1 dice: «El rey Nabucodonasor hizo una estatua de oro cuya altura era de sesenta codos, y su anchura de seis codos; la levantó en el campo de Dura, en la provincia de Babilonia.» El texto sigue narrando como todos los oficiales fueron llamados a la dedicación de la estatua que el rey había levantado. Puesto que tres varones judíos, Sadrac, Mesac, y Abed-nego fueron incluídos en la llamada, comparecieron estos tres ante el rey junto con los otros. Versículo cuatro explica que el pregonero anunciaba en alta voz que al oír el son de los instrumentos musicales, que todos se postrasen y adorasen la estatua de oro que el rey Nabucodonasor había levantado. Agregó, «y cualquiera que no se postre y adore, inmediatamente será echado dentro de un horno de fuego ardiendo» (versículo cinco). El texto de Daniel tres sigue narrando que cuando eso pasó, los varones judíos, Sadrac, Mesac, y Abed-nego, no se postraron ni adoraron la estatua de oro. Al enterarse de esa denegación de esos judíos, el rey se enojó y les mandó comparecer en su presencia. Con una amenaza fuerte el rey les dio otra oportunidad de postrarse y adorar la estatua. Añadió el rey, «Porque si no la adoraréis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos? (Daniel 3:15). Pero, los tres fueron llenados con denuedo y le respondieron que no iban a postrarse ni adorar la estatua de oro que el rey había levantado, no importa si su Dios les rescatara o no. Entonces, el rey mandó que se echaran en el horno de fuego ardiendo. Fue tan fuerte que las llamas mataron a los hombres que los echaron en el horno. Pero, el fuego no les hizo ningún daño a los varones judíos. Además, el rey vio que habían otro hombre cuyo aspecto era semejante a hijo de los dioses. Luego, el rey los sacó del fuego y decretó lo siguiente: «Bendito sea el Dios de ellos, de Sadrac, Mesac y Abed-nego, que envió su ángel y libró a sus siervos que confiaron en él, y que no cumplieron el edicto del rey, y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a otro dios que su Dios» (Daniel 3:28). Por fín, esos varones judíos fueron engrandecidos por el rey en la provincia de Babilonia. (Para el curso bíblico, escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia 30180.)

Vemos varios principios duraderos en el narrativo de Daniel capítulo tres. En primer lugar, se destaca la amenaza que la religión falsa siempre pone para la religión verdadera. La situación en Babilonia en aquel tiempo fue muy semejante a la situación y a la cultura nuestra hoy día. El pluralismo religioso regía en aquel entonces iqual que la diversidad religisoa todavía tiene prominencia. Los paganos y los idólatras de la antigüedad respetaban a los ídolos de otras religiones. Toleraban a los otros puntos de vista con tal que sus propias ideas fueran respetadas por los otros. Nabucodonasor no se opuso a la creencia de esos tres varones judíos. Las permitía en su reino y las toleraba. Lo único fue que ellos mismo respetaran también a su religión. Pero, no pudieron. Eso destaca una diferencia notable entre la religion verdadera y la religión falsa: la religión verdadera tiene sus principios fijos e inflexibles; en cambio, la religión falsa es creación de los hombres. Por eso, puede ser tolerante de las otras ideas, porque no puede declarar que una religión humanamente originada sea superior a cualquiera otra religión humanamente originada. Sin embargo, la verdad siempre es única. Por ejemplo, siempre será la verdad que dos veces dos iguala cuatro. Eso nunca cambia, y eso excluye cualquier otra respuesta rival. Dos veces dos nunca iguala cinco, a pesar de la sinceridad de uno que lo piensa. La verdad siempre es singular y no plural. Es por esa razón que Pablo escribió en Gálatas 1:8-9 que otro evangelio en realidad no es otro evangelio sino un engaño, y Judas 3 nos exhorta a contender por la fe que ha sido una vez dada a los santos.

Por lo tanto, existe un conflicto necesario e inevitable entre la religión verdadera y la falsa. A medida que se queda la religión falsa, queda ese conflicto, dado que la verdad de Dios no cambia. (Escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia 30180.)

En segundo lugar, del narrativo de Daniel dos vemos la necesidad de hacer a veces algunas deciones críticias y definitivas en nuestras vidas. Las dos decisiones que esos judíos enfrentaron fue, ¡o la idoltría, o la muerte! Fueron, por un lado, Nabucodonasor el tirano, o por otro lado, Dios el Juez justo.

Sadrac, Mesac y Abed-nego tuvieron que hacer una decisión de conducta. Recuerde Ud. que el rey no les había mandado dejar su propia decisión, sino solamente que reconocieran también la validez de la religión de él. Entonces, ¿no hubiera más prudente postrarse ante la estatua muda, la cual no es nada en el mundo, y continuar a vivir para predicar en otro día la verdad de Dios, en vez de rehusar esa acción sincera con la amenaza de la muerte? Mil voces pudiesen haber dicho, «sí», pero no. No lo hicieron. Ademas, el mandato del rey les puso una decisión de principio. Eso fue un día de prueba para ellos. Si hubieran sido cobardes en ese momento, hubieran sido cobardes siempre. Hoy es lo mismo. Cuando la tiranía de la mentira nos manda postrarnos ante sus dioses, tenemos que rehusar hacerlo a causa de la necesidad de mantener los principios. Pero, como en el caso de esos tres judíos, si rehusamos nosotros hoy día a adorar el dios del materialismo, o el dios de la religión falsa, o el dios de la tentación de la carne, puede ser una decisión de nuestro destino. Ellos escogieron obedecer a Dios en vez de los hombres, aún con la posibilidad de morir instantáneamente. Pero, eso fue una decisión para un destino eterno con su Dios. A veces, en nuestros tiempos posmodernos, estamos enfrentados con las mismas decisiones, una decisión de conducta, una decisión de los principios, y una decisión de nuestro destino. (Escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia 30180.)

Por fin, vemos el resultado de estar en pie por su fe. Sadrac, Mesac y Abed-nego estuvieron en pie por su fe. A pesar de la amenaza del tirano, Nabucodonasor, fueron salvados por el poder de Dios. Por lo tanto, el rey los engradeció. Hoy, es lo mismo. Cada día estamos probados por nuestra fe. Sentimos la tentación de callar cuando los enemigos de Cristo se oponen a su verdad. Sentimos la tentación de postrarnos ante los dioses ajenos solo por motivo de evitar más problemas con un gobierno hostil a la fe en Dios. Estamos probados a adoptar el pluralismo religioso y la tolerancia ideológica que nunca quiera defender una idea contra otra. Pero, aunque nos matan, si nos mantenemos fiel al Señor, al debido tiempo, él nos engrandecerá. Nuestra defensa debe de comenzar con nuestra fe y obediencia al plan de la salvación. Hay que creer, arrepentirse, confesar a Cristo, y ser bautizado para perdón de los pecados. Gracias, y hasta la próxima.

Volver a la Tábula de Trasuntos