Por Phillip Gray, La Verdad Para el Mundo
Bienvenido a nuestro programa. Estamos en medio de una série de estudios sobre el libro de Daniel en el Antiguo Testamento. Esta vez, estudiaremos Daniel capítulo 9 y la profecía de las setenta semanas. No es posible leer todos los versículos en este capítulo, pero podemos resumir las enseñanzas más interesantes para nuestros tiempos. Ahora puedo decir que se puede bosquejar Daniel capítulo 9 con dos secciones principales: los versículos 1-19 podemos llamar la «oración y pregunta» de Daniel; versículos 20-27 es la respuesta del ángel Gabriel que contiene la famosa profecía de las setenta semanas. Pero, antes del estudio, nuestro himno:
Daniel 9:1-19 registra la oración de Daniel a causa del cautiverio de los judíos. Hay que entender que los judíos del reino del sur fueron llevados cautivos por Nabucodonosor a babilonia en una série de ataques que culminaban en el año 586 a.C. Este exilio fue permitido por Dios como un castigo a causa de sus pecados. En Jeremías 25:11 y 29:10 el profeta había predicho que los judíos servirían al rey de babilonia por setenta años y después volver a su propia tierra. En nuestro texto, Daniel ya es viejo. Había vivido por todo ese tiempo del cautiverio. Además, conocía esas profecías de los escritos de Jeremías. Por lo tanto, alrededor del año 539 a.C. Daniel se preocupaba por el cumplimiento de la profecía. Le parecía que el tiempo iba a ser ya cumplido. Por eso, oraba y suplicaba por sus pecados y los pecados del pueblo. Por su humildad y confesión, un ángel del cielo le fue enviado para consolarle y explicarle más detalles acerca del fin del tiempo. Esa explicación del ángel junto con una profecía maravillosa de las setenta semanas se encuentra en Daniel 9:20-27. (Si Ud. desea inscribirse en nuestro curso bíblico por correspondencia, escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180, EE.UU.; repito, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)
Gabriel le dijo a Daniel en Daniel 9:24-27 lo siguiente: «Setenta semanas están determinadas sobre tu puebo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos. Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la cuidad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador.» Otra vez, es fue de Daniel 9:24-27.
Es asombrosa esta profecía, y sin lugar a dudas, es profecía mesiánica que habla de la obra de Cristo muchos siglos antes de su nacimiento. La profecía dijo que setenta semanas estaban determinabas. Literalmente, dice que setenta setenas, o sea una série de setenta unidades de tiempo, estaban determinabas. Una semana normalmente consta de siete días. Pero, en el lenguaje profético puede simbolizar una unidad siete años. Entonces, lo más probable es que el ángel Gabriel hablaba de setenta setenas, o sea, 490 años. Eso estaba determinaba sobre el pueblo y Jerusalén para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, y para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos. Ese último a lo mejor pasó por el sacerdocio de Jesús el Mesías o sea el Cristo, como dice Hebreos 9:12, «y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.»
Daniel 9:25 dice que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas. Claro que eso equivale a sesenta y nueve semanas. Se divide ese tiempo en dos períodos: uno, siete semanas, o sea, 49 años; y dos, sesenta y dos semanas, o sea, 434 años. Versículo 25 dice que se volverá a edificar la plaza y el muro de Jersusalén. Eso requirió más o menos 49 años de cumplir después de la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén. Existe una pregunta acerca de precisamente cuando salió esa orden para restaurar y edificar a Jerusalén, porque el permiso fue dado en varias etapas por los reyes de Persia a los judíos para ese proyecto, incluso el permiso para edificar el templo, y luego para edificar los muros. Si contamos las siete y las sesenta y dos semanas de años desde la salida del orden arribamos a 483 años adelante en el futuro y el tiempo de la aparición del Mesías Príncipe. Es muy probable que el ángel se refirió a la orden que salió en el año veinte del reinado de Artajerjes como relatado en Nehemías 2:1-8. Entonces, contando los 483 años arribamos al año 29 d.C., o si usamos un año redondo de 360 días, arribamos al año 33 d.C. Esas fechas son dos alternativas dadas por los eruditos de la cronología de la crucifixión de Jesús el Mesías.
Ya habiendo contando las siete semanas, o sea 49 años, dice versículo 26 «y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías.» En otras palabras, cerca del año 29 o 33 d.C., Jesús fue crucificado. (Para el curso bíblico, escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)
Daniel 9:27 dice que «y por otra semana confirmará el pacto con muchos» y «a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda.» Si una semana simboliza siete años, entonces la mitad de la semana sería tres años y medio. Resulta que después de más o menos tres anños y medio de haber aparecido en su papel como el Mesías, Jesós murió y así anuló los ritos del Antiguo Pacto, incluso el sacrificio y la ofrenda (como dice Colosenses 2:14). El ministerio de Jesús entre los judíos duraba más o menos tres años y medio. Entre tres y cinco años después de su muerte, el evangelio fue predicado solamente a los judíos. Pero, luego fue convertido el apóstol Pablo quien comenzó el ministerio entre los gentiles. Ya vemos siente años de confirmar el pacto, el nuevo pacto, entre los judíos, como dice la profecía.
Por fin, Daniel 9:27 dice que «después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador.» Habla aquí de la consumación de todo lo que fue predicho concerniente a la ciudad de Jerusalén y el templo, es decir, esa cadena de eventos que comenzaron en la semana número setenta pero que fueron culminados en la obra del desolador. De acuerdo con Mateo 24:15 y Lucas 21:20, esto se refiere al ataque del General Tito Vespasiano contra Jerusalén y su destrucción del templo cuando cesaron por siempre los sacrificios judáicos. Entonces, todo eso ya ha pasado hace dos milenios. Las setenta semanas ya fueron cumplidas en el primer siglo. Por tanto, no hay que buscar por otro cumplimiento hoy día.
¡Esta profecía es asombrosa! Entre los rollos del mar muerto tenemos copias del libro de Daniel que remontan al año 120 a.C. ¿Cómo pudo haber conocido estos detalles algún supuesto falseador Macabeo? como alegan los críticos liberalistas. Daniel 9 nos muestra a través de la profecía que predice que el Antiguo Testamento es inspirado por Dios. Además, nos muestra que Dios protege a su pueblo por su providencia aun cuando tienen que sufrir por las consecuencias de sus pecados. Daniel 9 también nos muestra que cuando el pueblo de Dios se humilló delante de él, les exaltó. Hoy día es lo mismo. Si Ud. se humilla ante Dios por sus pecados, entonces al creer en Cristo, y al arrepentirse por sus pecados, y al confesar el nombre de Cristo, y al ser bautizado en Cristo, Dios le exaltará a Ud. también. Gracias, y hasta la próxima.