«¿Con Qué Autoridad?»

Por Phillip Gray, La Verdad Para el Mundo

Estoy leyendo de Marcos 11:27-33. El texto dice: «Volvieron entonces a Jerusalén; y andando él por el templo, vinieron a él los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos, y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas, y quién te dio autoridad para hacer esas cosas? Jesús, respondiendo, les dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme, y os diré con qué autoridad hago estas cosas. El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres? Respondedme. Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? ¿Y si decimos, de los hombres …? Pero temían al pueblo, pues todos tenían a Juan como un verdadero profeta. Así que, respondiendo, dijeron a Jesús: No sabemos. Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.» Esta lectura ha sido tomada de Marcos 11:27-33. Después del himno, pienso analizar el significado de la pregunta, «¿con qué autoridad?»:

Ya hemos leído la pregunta de los judíos para Cristo en Marcos 11:28, a saber, «¿con qué autoridad haces estas cosas, y quién te dio autoridad para hacer estas cosas?» Cristo les puso en un dilema por su propia pregunta tocante el bautismo de Juan. No quisieron responder. Pero la pregunta siempre es legítima. ¿Cuál es la autoridad para mis creencias espirituales? Esa pregunta fundamental es apropiada para nuestros tiempos también. A través del siglo veinte, se ha oído mucho respecto a la unidad cristiana y el ecumenismo. Muchos se dan cuenta que la división religiosa contradice la voluntad de Cristo. Pero, aunque la unidad es la voluntad de Cristo, no es posible hasta que, o al menos que, nosotros como estudiantes de la bíblia estemos de acuerdo acerca de una fuente común de autoridad. Entonces, Cristo me pregunta a mí, y le pregunta a Ud., cuando enseñamos o practicamos nuestras devociones, ¿con qué autoridad haces estas cosas, y quién te dio autoridad para hacer estas cosas?

En la búsqueda, vemos que la pregunta gira alrededor de dos premisas antagónicas: Hay que escoger entre una autoridad interna, o una autoridad externa; una autoridad subjectiva, u una autoridad objectiva. ¿Reside la autoridad en la religión dentro de mi consciencia, mis sentimientos, mi parecer, o mi propia razón? O, ¿reside la autoridad fuera del hombre? Estuve mirando un programa de la televisión en un canal hispano en el cual dos señores hablaron de la telepatía mental, cosa muy de moda por la religión de la Nueva Era. Fue obvio que creyeron en este supuesto fenómeno porque quisieron. Las pruebas duras no fueron exigidas. Solo un simple juego de manos inconvincente y no-científico. Quisieron creer que una persona puede comunicarse con otra sin los medios normales de los sentidos físicos. Además, hasta trató de explicar uno que la telepatía pasa a través de Dios. Pero no dio ninguna evidencia. (A propósito, 1 Corintios 2:11 pregunta, «¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él?») Pero, el punto es que en la actualidad muchos creen sin evidencia, y andan sin ningún autoridad más de su propio querer. (Para el curso bíblico, escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)

¿Con qué autoridad hacemos estas cosas en la religión? Lastimósamente, muchos viven solamente por sus propios sentimientos al tratar de servir a Cristo. Pero, no pensamos así en las otras áreas de nuestras vidas. Por ejemplo, por lo común no invertimos grandes cantidades de dinero solo a nuestro antojo. Queremos investigar y tener la prueba. El hombre en el hospital hoy puede sentirse bien, y mañana estar en la tumba. Saulo de Tarso estuvo engañado por su propia consciencia al perseguir la iglesia (Hechos 23:1).

¿Con qué autoridad haces estas cosas, y quién te dio autoridad para hacer estas cosas? El profeta Jeremías contesta en Jeremías 10:23: «Conozco, o Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos.» Si el hombre, al mirar hacia adentro de sí mismo, puede hallar la verdad, ¿por qué dijo el profeta que no es del hombre el ordernar sus pasos? Proverbios 14:12 agrega: «Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte.» El énfasis bíblico siempre cae en la superioridad de la autoridad externa al hombre. (Para inscribirse en nuestro curso bíblico por corresondencia, escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)

¿Con qué autoridad? Pablo contesta en 1 Corintios 1:21: «Pues ya en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación.» Entonces, hay que recordar que al fín y al cabo, toda autoridad es de Dios. Por su amor, el Padre delegó su autoridad al Hijo, quien dijo en Mateo 28:18, «Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.» Cristo dijo en Juan 14:24, «…y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.» Luego, en versículo 26, les prometió a sus apóstoles, «Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.» Les dijo en Juan 16:13, «Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.» Por tanto, la cadena de autoridad es de, primero, el Padre, segundo, el Hijo, y tercero, el Espíritu Santo. ¿Pero, dónde está el lugar para el hombre en esa cadena? ¡No lo hay! De por sí mismo, el hombre no tiene ninguna autoridad religiosa. Eso es el peligro grave en los sistemas eclesiásticos en que UN hombre rige como la autoridad máxima, y en aquellas religiones que abogan por las revelaciones en los postreros días por algún profeta moderno. Todo tipo de creencia así niega la autoridad divina y se atreve a substituir por ella la autoridad humana. Aún los mismo apóstoles no tuvieron ninguna autoridad de sí mismos menos esa dada por el Espíritu Santo mediante sus enseñanzas inspiradas. (Escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)

¿Con qué autoridad? La conclusión es inevitable. Dios nos habla hoy día a través de su Hijo, Jesucristo (Hebreos 1:1,2). Su Hijo nos habla desde una posición ventajosa en los cielos (Hebreos 12:25, advertiendo, «Mirad que no desechéis al que habla.») Pero, el Hijo nos habla a través de los escritos de los apóstoles. Hebreos 2:3-4 pregunta: «¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad.» «Los que oyeron» fueron los apóstoles y sus compañeros. Fue una palabra confirmada por la evidencia de sus milagros. Más tarde, la palabra dada por el Padre, al Hijo, y del Hijo al Espíritu Santo para entregar a los apóstoles en el primer siglo, fue escrita en los veinticiete documentos del Nuevo Testamento. Por eso, la bíblia es inspirada milagrosamente (2 Timoteo 3:16,17). El Nuevo Testamento debe de ser nuestra guía, nuestra norma, y nuestra única autoridad en la religión, no el papado, ni los concilios, ni los pastores evangélicos, sino la bíblia solamente. ¿Con qué autoridad hace lo que Ud. hace en la religión? Si no se encuenta en el Nuevo Testamento, es de los hombres. Este principio es lo que distingue las iglesias de Cristo en práctica de cualquier otro grupo. Es de respetar la autoridad suprema del Nuevo Testamento sin añadir ni disminuir nada de sus enseñanzas originales. ¿Por qué no quiere Ud. andar por esta misma regla con nosotros? Gracias, y hasta la próxima.

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