«¿Cómo Decidir Cuáles Libros Pertenecen a la Bíblia?»

Por Phillip Gray, La Verdad Para el Mundo

¿Por qué tener solamente los 27 libros del Nuevo Testamento y los 39 libros del Antiguo Testamento? ¿Cómo decidir cuáles libros pertenecen a la bíblia? Claro que estamos hablando de la cuestión del «canon» de los dos testamentos. En este contexto, «el canon» quiere decir «una lista establecida» de los libros que deben de formar parte de la bíblia y servir como nuestra regla para la fe y la práctica. Yo creo que hay dos puntos de suma importancia al principio. En primer lugar es la cuestión de la historia de su aceptación. Por ejemplo, ¿cuándo fueron aceptados los libros del Antiguo Testamento por los judíos y los libros del Nuevo Testamento por los cristianos? En segundo lugar es la cuestión de los criterios, o sea los métodos, que usaban para aceptar a algunos libros y rechazar a otros. Por el corto tiempo, en el presente estudio tenemos que enfocarnos más en la cuestión del canon del Nuevo Testamento, aunque investigaremos algo en el punto de vista de Jesucristo en lo que se refiere al Antiguo Testamento. Antes de indagarnos en esos conceptos, déjeme advertirle, estimado oyente, de un error muy común. Ese error es no distinguir entre la determinación del canon—una acción por Dios, y el descubrimiento del canon—una acción por el pueblo de Dios. La iglesia no determinó los límites del canon, sino descubrió los límites ya establecidos por Dios. (Para inscribirse en nuestro curso bíblico por correspondencia, escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; repito, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180. Además, visite nuestro sitio del web en www.laverdadparaelmundo.com.)

Es preciso entender que Cristo es la clave para establecer la autoridad del canon. Dio su propio testimonio divino sobre la inspiración y la autoridad de los 39 libros del Antiguo Testamento (como clasificamos esos libros hoy día). Cristo creía que Dios es el autor de los libros del canon hebreo. Creía que esos libros profetizaban de él (Lucas 24:27,44). Creía que esos escritos de los judíos fueron inquebrantables (Juan 10:35; Mateo 5:18). Y Cristo dio fe de la autenticidad de esos libros en cuanto a los eventos históricos relatados en ellos (Mateo 19:5; 12:40).

De acuerdo con el sistema hebreo de clasificar los libros, habían 22 libros (Lucas 24:44). Esos 22 libros corresponden a los 39 libros de nuestro Antiguo Testamento, dado que algunos libros fueron incluídos dentro de otros en aquel entonces. Cristo estableció el criterio primordial de la canonicidad. El canon consiste en lo que es la Palabra de Dios. Por eso, les criticó a los escribas y fariseos en Marcos 7:13 mediante la frase, «invalidando la palabra de Dios por vuestra tradición que habéis transmitido….» No hay lugar a dudas, Cristo aceptaba el canon del Antiguo Testamento como existía en aquel entonces entre los judíos, una lista establecida de tres clasificaciones básicas, a saber, «la ley de Moisés» (el pentateuco), «los profetas» y «los salmos» (o sea los otros escritos). No obstante, ese canon hebreo que Cristo autentificaba en su ministerio no incluía los libros apócrifos. Por lo tanto, por el testimonio historico que llega a nosotros a través de los siglos en los escritos precisos del historiador Lucas, vemos que Cristo aceptaba los libros del Antiguo Testamento de nuestro canon actual (menos los libros apócrifos). (Escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; repito, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)

Además, Cristo dio fe implícitamente de la autoridad de los 27 libros de nuestro Nuevo Testamento. Hubo un mensaje autoritativo del evangelio desde el principio, comenzando con Cristo sí mismo (Mateo 5:17-48). Este mensaje iba a ser entregado a los apóstoles para transmitir a las generaciones venideras. Oraba al Padre en Juan 17:20, «Mas no ruego solamente por éstos (los apóstoles), sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos.» Esa palabra era garantizada de ser verídica porque fue dada por el poder milagroso del Espíritu Santo (Juan 14:26; 16:13). Por lo tanto, podemos decir que las predicaciones inspiradas y orales de los apóstoles durante sus propias vidas, y los escritos inspirados de los apóstoles, formaron la regla de la fe y la práctica. Ahora, lo que tenemos por seguro son los escritos. Existe mucho peligro en creer que tenemos todavía sus predicaciones orales hoy día, porque los apóstoles no están vivos, y los supuestos reportes de sus predicaciones orales que actualmente tenemos no son ciertos. En resumen, podemos decir que la canonicidad de un libro fue determinada en virtud de ser inspirada (y autoritativa). Esa inspiración se reconoce por el testimonio de Cristo. Y el testimonio de Cristo se reconoce por la autenticidad del record histórico.

El proceso de escribir la palabra apostólica comenzó temprano. Por ejemplo, en 1 Corintios 15:1-4 el apóstol Pablo declara en forma escrita lo que previamente había transmitido oralmente. Lucas 1:1-4 es el prólogo del tercer evangelio. Lucas declara que había trazado las enseñanzas apostólicas para «escribírtelas por orden» a su lector, el excelentísimo Teófilo. Se entiende que en las etapas más tempranas de la revelación de la voluntad de Cristo en los tiempos apostólicos, se transmitía la doctrina de boca en boca. Pero, ese método no fue intrísicamente superior al evangelio escrito cuando eso apareció. Algunos eruditos piensan que aquí en Lucas 1:1-4 se ve la «línea-divisoria» entre la tradición oral y la doctrina escrita, «un proceso que terminó en la formación del canon neotestamentario» (Ribberdos).

Además, el concepto de una nueva Escritura se implica en los tiempos tempranos. Hebreos 1:1-2 declara que Dios había hablado «muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas» y «en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo.» 2 Corintios 3:14 describe las escrituras de los judíos como el «antiguo pacto.» Implica que ya ha llegado un «nuevo pacto» lo cual también va a ser escrito. En Juan 14-17 se ve el concepto de «una nueva Escritura» dada por la inspiración del Espíritu sobre los apóstoles. Juan implica que el llevar el testimonio de Cristo por el Espíritu puede consistir en escribirlo también, en Juan 21:24. Entonces, el concepto de una nueva Escritura es implicada muy temprano en el Nuevo Testamento. (Escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)

Aún durante la vida de los apóstoles existían ciertos estímulos por los cuales los hermanos coleccionaron los distintos libros en la lista que actualmente tenemos. Pedro supo que los escritos del apóstol Pablo fueron proféticos y por ende autoritativos, «como también las otras Escrituras» (2 Pedro 3:15-16). Pablo les mandó a los hermanos en Colosas en Colosenses 4:16, «cuando esta carta haya sido leída entre vosotros, haced también que se lee en la iglesia de los laodicenses, y que la de Laodicea la leáis también vosotros.» Existía una necesidad práctica de percatarse de cuáles libros fueron auténticos y proféticos para la leer en las iglesias. Pablo escribio en 1 Tesalonicense 5:27, «Os conjuro por el Señor, que esta carta se lea a todos los santos hermanos.» Por el estímulo herético se hicieron listas de los libros aprobados muy temprano de modo que se distinguieran los libros inspirados y los falsos. Por el estímulo misionero los cristianos muy tempranos buscaron por los libros inspirados para poner en la lista. Por ejemplo, en la primera mitad del segundo siglo la bíblia fue traducida al Siriaco y al Latín antiguo. Para traducir, claro que había una necesidad muy temprana de saber cuáles libros pertenecían en las versiones. Y por el estímulo de la persecución fue necesario saber, muy temprano, cuáles libros son de Dios y cuáles no. Los cristianos tempranos arriesgaron sus vidas para preservar las Escrituras. Por lo tanto, les fue muy importante la cuestión del canon y de cuáles libros fueron inspirados.

Es preciso entender este punto. La lista fue hecha básicamente en los primeros 100 años de la historia de la iglesia primitiva, aun durante mucho del tiempo cuando ciertos hermanos tenían el don de discernimiento de espíritus (1 Corintios 12:10). No fue compuesta la lista 300 o 400 años más tarde en los concilios de la iglesia ya apóstata. Por eso, encontramos muy temprano en la iglesia un método para seleccionar los escritos autoritativos (Juan 20:30), un método para leerlos (1 Tesalonicenses 5:27), un método para circularlos (Apocalipsis 1:11), un método para coleccionarlos (2 Pedro 3:15-16), y un método para citarlos por ser autoritativos (1 Timoteo 5:18). De hecho, Pablo aquí habla de Lucas 10:7, «el obrero es digno de su salario,» diciendo, «pues la Escritura dice.» Para Pablo, el evangelio de Lucas es «la Escritura» igual que Deuteronomio 25:4, también citado en ese versículo. En resumen, Cristo es la clave para reconocer el canon. La apostolicidad de un libro fue lo más importante. El canon fue descubierto—no determinado—durante los primeros 100 años de la iglesia durante la vida de los hermanos que todavía tenían el don de la inspiración. Por eso, la iglesia es la hija del canon, no su madre. Gracias, y hasta la próxima.

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