«Acuérdate de Tu Creador»

Por Phillip Gray, La Verdad Para el Mundo

El famoso rey de Israel, Salomón, hijo de David, vivía una vida rica y llena de una variedad de experiencias que el hombre promedio no puede vivir. Intentó hallar la felicidad en todo. Buscó el contentamiento por el vino, por las mujeres, por las canciones, y por el poder. Era rico y sabio. En la odesia de su vida como relatada en el libro de Eclesiastés en el Antiguo Testamento, Salomón no abnegó nada que su corazón deseara. Era el epítome de la vida lujosa, de la clase privilegiada, del niño consentido, de la flor y nata de la sociedad, gozando muchos talentos y dones. No obstante, a pesar de todo eso, Salomón no encontró nada que le dio la felicidad profunda, o que le concedió la paz y la tranquilidad de su alma inquieta—nada, menos el temor de Dios y el cumplir de sus mandamientos. Este rey, Salomon, el último rey de Israel unido, fue el autor de ese libro tan extraño del Antiguo Testamento llamado Eclesiastés. Hoy, nuestro estudio viene de Eclesiastes 11:9-12:1. Dice el texto: «Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia; y anda en los caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos; pero sabe, que sobre todas estas cosas te juzgará Dios. Quita, pues, de tu corazón el enojo, y aparta de tu carne el mal; porque la adolescencia y la juventud son vanidad. Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento.» Eso fue Eclesiastés 11:9-12:1. Después del himno, pienso profundizarnos en el significado rico de este pasaje:

(Para recibir nuestro curso bíblico por correspondencia, gratis, escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; repito, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.) Nuestro texto es de Eclesiastés 11:9-12:1. Se puede dividir este texto en tres puntos, primero, «regocijarte, joven»; segundo, «remover de tí, joven»; y tercero, «recordar, joven». ¿Qué quiere decir el autor en Eclesiastés 11:9 cuando le dice al joven, «alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia?» El consejo es, regocijarte en tu juventud. Existen por lo menos dos tipos de explicaciones de este versículo extraño. Algunos piensan que el escritor utiliza la ironía aquí, o sea, el sarcasmo. Entonces, es como decir, «Véte y dáte buena vida, y ordena tus propios pasos», pero «¡sabe que vas a ser juzgado por ello!» Esta interpretación del texto es posible. A veces, las Escrituras emplean el sarcasmo para destacar una lección importante, como en el caso de Elías quien se burlaba de los profetas de Baal en 1 Reyes 18:27 cuando su dios falso no respondió a sus súplicas, diciendo, «gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez, duerme, y hay que despertarle.» Puede ser que en Eclesiastés 11:9, el sabio se burla de ese estilo de la vida de los jóvenes que piensan que nunca van a morir y que siempre pueden gozar el placer. La ironía es una interpretación de este texto.

Pero, hay otro tipo de interpretación que sostiene que es un consejo literal, y que Salomón está escribiendo algo como, «Regocíjate en tu juventud la cual es un regalo de Dios, y agradece el privilegio de tu salud.» Es otra posibilidad, y concuerda esa idea con otras declaraciones en el libro de Eclesiastés, como por ejemplo con 5:18, donde escribe el sabio, «He aquí, pues, el bien que yo he visto: que lo bueno es comer y beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol, todos los días de su vida que dios le ha dado; porque esta es su parte.» Si eso es el mismo sentido del texto en 11:9, entonces el autor hace hincapié en el poder de la decisión que realmente tiene el joven. Entonces, la lección es, ten cuidado de lo que escoges, porque Dios le traerá al juicio por cada decisión hecha aquí y ahora en el cuerpo. Por lo tanto, Eclesiastés 11:9 puede enseñar que, tú, joven, debes de regocijarte, pero sé sobrio y serio en vista del juicio venidero. Hebreos 9:27 nos advierte, «y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.» Romanos 14:12 dice, «de manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.» 2 Corintios 5:10 dice, «porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.» Viene el juicio, joven. Por lo tanto, ten cuidado.

En segundo lugar, nuestro texto enseña al joven en Eclesiastes 11:10, «quita, pues, de tu corazón el enojo, y aparta de tu carne el mal; porque la adolescencia y la juventud son vanidad.» Puesto que el joven anhela regocijarse y alegrarse en su juventud, y puesto que viene el juicio, entonces hay que remover de tu vida las cosas que crean la inquietud y la tristeza y que por fin traen la muerte espiritual. El «enojo» aquí quiere decir, «la ira, la molestia, y el pesar.» En fin, hay que quitar cualquier cosa en la vida que inquieta o perturba el corazón. El «corazón» aquí es el hombre interior, o sea, la sede de las emociones, de la voluntad, y de los pensamientos. Qué lástima que hoy día los adolescentes norteamericanos están afligidos con tantos pesares. Se dice que el suicidio ocupa el octavo lugar de todas las causas de la muerte entre los adolescentes. El promedio de un joven se suicida cada dos horas y 56 minutos en EE.UU. ¡Hay demasiado tristeza entre los jovenes! ¿Por qué? Bueno, el texto implica es porque no han quitado de sus vidas las fuentes del pesar. En fin, no han quitado los pecados, los pecados específicos como el enojo, el celo, el odio, la codicia, la avaricia, y el orgullo. Tantos están muy infelices e inquietos porque no hacen caso de la amonestación de Santiago 4:1-3, «¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.» Muchos jóvenes son así: buscan por la felicidad por la diversión, por la fantasía, por los carros veloces, por las muchachas con la moral relajada, por el placer y por la plata. Es por eso que el sabio escribió en Eclesiastés 11:10, «quita, pues, de tu corazón el enojo, y aparta de tu carne el mal; porque la adolescencia y la juventud son vanidad.» (Para el curso bíblico, escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia 30180.)

En tercer lugar, el sabio aconseja en Eclesiastes 12:1 a recordar a Dios. Dice, «acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud….» Se lo escribe porque es tan facil olvidarnos de nuestro Creador. Muchos no lo creen porque están criados en las culturas donde las fuentes de la información y de la educación están rígidamente controladas por los materialistas que temen a la verdad de la creación y tienen demasiado corbadía para permitir el debate franco y abierto.

Ahora es el tiempo de tener el coraje de acordar a tu Creador, joven. ¿Por qué esperar? ¿Por qué negar a Dios el derecho de tener los años mejores de tu vida? ¿Por qué privar a Dios tu fuerza juvenil? ¿Por qué arriesgar la muerte sin prepararte para el juicio? Acuérdate ahora de tu Creador. Es cierto que existe el Creador. Para más información al respecto, es decir, de la creación versus la evolución, escríbame por el correo electrónico. Mi dirección es: Jesus@ofamerica.com. Repito, Jesus@ofamerica.com («ofamerica» es una palabra; todas sin accentos). Puedo mostrarle las páginas del internet donde puede localizar más información.

Joven, puedes alegrarte en tu juventud por las cosas buenas dadas por Dios como bendiciones y no por los vicios. Debes de quitar de tu vida los vicios que te hacen sucio, débil, e inquieto. Debes de prepararte para el juicio, y acordar y servir a tu Creador antes de todo. Debes de comenzar ese servicio por creer en su Hijo, Jesucristo, y obedecer sus mandamientos, a saber, arrepentirse, confesar el nombre de Cristo, y ser bautizado para el perdón de los pecados. Gracias, y hasta la próxima.

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