«1 Tesalonicenses 4:13-18 (No.6)»

Por Phillip Gray

Continuando con nuestra exposición de la pequeña primera epístola a los tesalonicenses, llegamos al capítulo cuatro y los versículos 13-18. Creo que el título apto para dicho trozo es derivado del texto sí mismo, a saber, «acerca de los que duermen» (v. 13). Dice todo el pasaje: «Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.» (Otra vez, esa lectura fue tomada de 1 Tesalonicenses 4:13-18. Para una copia de este estudio, busque por nuestro sitio de web en el internet a www.laverdadparaelmundo.com. Además, puede escribir una carta a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.)

El apóstol comienza en esta parte diciendo, «tampoco, queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen….» Evidentamente, Pablo había recibido un mensaje de la preocupación de los cristianos en Tesalónica concerniente la condición de los muertos y sus queridos que habían muerto en el Señor. Varias veces en este pasaje describe la acción de morir como «dormir.» Es obviamente una metáfora para la muerte. Cristo sí mismo usaba esta figura en su propio ministerio, como por ejemplo en Mateo 9:24 donde dijo que «la niña no está muerta, sino duerme» y en Juan 11 donde había descrito a Lázaro como dormido, pero tuvo que explicar a sus discípulos por fin, «Lázaro a muerto» (v.14). Y Pablo en otro contexto hace lo mismo, por ejemplo donde escribe, «He aquí, os digo un misterio: no todos dormiremos; pero todos seremos transformados» (1 Corintios 15:51). Creo que la comparación entre el sueño y la muerte tiene que ver con el hecho de que ambos para el cristiano son temporaneos, ambos son una forma del descanso, y en ambos hay una continuación de la misma identidad de la persona. La persona que duerme es la misma persona que se despierta. Pablo en 1 Tesalonicenses 4:13 no quiso que sus lectores ignoraran acerca de la muerte de sus queridos. ¿Por qué?

Contesta, «para que no entristezcáis como los otros que no tienen esperanza» (v. 13). Claro que Pablo no está prohibiendo la tristeza natural que ocurre a causa de la separación de nuestros amados en la muerte. De hecho, Pablo mismo tuvo tristeza al estar separado de los mismos Tesalonicenses (2:17 y 3:1). Por supuesto, los echamos de menos cuando pasan de esta vida y no podemos verlos más en este lado de la tumba.

Sin embargo, el cristiano tiene una esperanza en la muerte que nadie en el mundo puede compartir tampoco quitar. Espera ver a sus queridos otra vez en el más allá. Escribe, «para que no entristecáis como los otros que no tienen esperanza.» Los otros que no tienen esperanza son aquellos cuyos puntos de vista o cuyas cosmovisiones no permiten el concepto de la vida tras la muerte o la inmortalidad. En los días de Pablo, los griegos por lo común tenían el concepto de la vida futura en los términos más indefinidos y tenebrosos. Albergaron la idea de los espíritus separados del cuerpo. Otros pensadores, como Epícuro concibieron la vida futura como no-existente. Fueron materialistas. Su teoría del origen del hombre fue semejante al evolucionismo contemporaneo. Su punto de vista del propósito del hombre sostuvo que es un accidente cósmico sin razón y sin rumbo, porque su concepto del destino final del hombre fue eso de la aniquilación por completo en la muerte. Hoy día, ese tipo de doctrina materialista rige en muchas mentes y oscurece la luz en muchos corazones. El humanismo secularístico de los países occidentales es una especia del mismo tipo del naturalismo filosófico, o sea, el materialismo. El materialismo dialéctico de los comunistas marxistas-leninistas es otro ejemplo del mismo concepto tan pesimista. El comunista consecuente no tiene ninguna esperanza por la vida futura. No cree que va a existir después de esta única vida tan corta y tan afligida. Su única esperanza es esa de la posibilidad, algún día—quizás—¡quizás!—que surja una nueva sociedad para sus hijos en la cual habrá la perfecta igualdad entre todos sin clases sociales y sin la competencia comercial como existe hoy día. No puede garantizar que esa sociedad nunca existirá. De hecho, toda la evidencia empírica que ha encontrado hasta este punto ha señalado al contrario—por la caída del muro de Berlina en el año '89, por el revés en la economía controlada en China que ahora va con rumbo al mercado libre, o por la pobreza y la miseria que todavía caracterizan el experimento del marxismo-leninismo en Cuba por alrededor de 40 décadas sin alcanzar la meta de la sociedad sin clases. En cualquier forma del materialismo falta la esperanza para la vida después de la muerte. Y por eso, es extremadamente triste prescenciar el funeral para un familiar muy amado en una sociedad comunista donde el acongojado hubiera puesto su confianza en la línea partidaria. Los ateos no tienen esperanza en su muerte.

En cambio, ¡los cristianos sí tienen la esperanza abundante! (Escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.) Sigue Pablo en 1 Tesalonicenses 4:14, «porque si creemos que Jesús murió y rescuitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron.» Nuestra esperanza en la inmortalidad del alma está completamente vinculada con nuestra confianza en la resurrección de Jesús de Nazaret. Como ya mencioné, las evidencias empíricas no apoyan en ninguna manera a la fe del marxismo-leninismo. En cambio, el cristianismo es el único sistema de creencia apoyado por las evidencias empíricas, las pruebas históricas. (En otros estudios, nos hemos profundizado en las evidencias para la resurrección las cuales se encuentran en nuestro sitio de web en el internet a www.laverdadparaelmundo.com.) Basta decir aquí que la inferencias más lógicas que podemos hacer acerca de los acontecimientos en la vida del ese carpintero más famoso que nunca ha vivido señalan la verdad de su resurrección. ¡Habrá una reunión entre los vivos y los muertos algún día! El Señor Jesucristo sí mismo un día va a «descender del cielo y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor» (versos 16,17). La meta de toda esta explicación es hallada en el último versículo, 1 Tesalonicenses 4:18: «Por tanto, alentaos los unos a los otros con esta palabras.» (Escriba a: La Verdad Para el Mundo, Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180 EE.UU.; Apartado 515, Villa Rica, Georgia, 30180.)

Aprendemos varias lecciones vitales de este texto: En primer lugar, la ignorancia produce y prolonga e intensifica la tristeza. Hay que crecer en el conocimiento para gozar el consuelo (2 Pedro 3:18). En segundo lugar, mucha especulación necia abunda acerca de la segunda venida de Cristo. (En otra lección, pienso aclarar esa doctrina al exponer 1 Tesalonicenses 5.) Pero basta resumir la doctrina aquí. Uno, Cristo volverá inesperadamente. Dos, habrá el conocimiento universal de este evento (Apocalipsis 1:7). Tres, vendrá una resurrección general de ambos los justos y los injustos. Jesús dijo, «no os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación» (Juan 5:28,29). Cuando venga, todo ojo lo verá (Apocalipsis 1:7). Castigará al impío (2 Tesalonicenses 1:7-9). Los muertos en Cristo resucitarán primero. «Primero» está relacionado con la transformación de los todavía vivos. Los muertos en Cristo resucitarán primero; proximo viene la transformación de los vivos (1 Corintios 15:51-53). Los cielos y la tierra pasarán en gases (2 Pedro 3:10-13). Juntos alzaremos para encontrar al Señor en el aire. Entonces, viene el juicio (Mateo 25:31-24). Nada de ninguna «gran tribulación» o de ninguna «batalla de Armagedon» es mencionado. Por eso, debemos de vivir en esperanza, en anticipación, en sobriedad, en preparación, y en consuelo. Para estar listo para ese evento, hay que creer, arrepentirse, confesar a Cristo, y ser bautizado para perdón de los pecados. Gracias, y hasta la próxima.